miércoles, 16 de marzo de 2011
Dicen que debería probar nuevos caminos, que la esperanza nunca ha de perderse; yo digo que las personas no cambian, y que la vacuidad de la que hablaba Mew existe, corta como un puñal, lo congela todo... y ha de ser aceptada antes o después.
Y que ellos ríen, me llaman, se aprovechan de mí, bromean, me tocan, disfrutan de mi compañía, se me ofrecen... pero yo, he de reconocer, no me veo en ellos. En ninguno. En nadie. Ni siquiera en mis palabras.
Deseos insatisfechos, un viaje que resultó llevarme más lejos de lo que pensaba.
Seis meses en el Polo Norte, una noche eterna, condiciones difíciles. Una prueba.
¿Volveré al sur...?
sábado, 12 de marzo de 2011
Mi más profunda empatía hacia los habitantes de la isla del sol naciente, donde tantas cosas tienen su origen y también su fin.
Han sobrevivido mil veces al empuje de una tierra que quiere tragarse las pequeñas islas que constituyen su hogar, han sobrevivido incluso a las bombas atómicas. Que se sobrepongan a esta desgracia, a estas imágenes monstruosas de olas terribles que se tragan el mundo, de temblores que quiebran el suelo y derrumban la vida.
Por fortuna o por desgracia, me siento especialmente conectada a este país. Quien estudia una lengua no puede ceñirse sólo a la gramática y a unas cuantas palabras de vocabulario; un idioma es una forma de pensar, un idioma es una identidad, un idioma es una cultura, unos valores, una forma de ver el mundo.
Quizá aún no os hayáis dado cuenta hasta el punto que, el ser hablantes de español, catalán, o cualquier otra lengua, configura vuestras mentes de una manera silenciosa pero inevitable.
Por eso, estudiar su lengua significa mucho, al menos para mí.
Admiro muchas cosas de su cultura y rechazo otras, pero procuro aprender, al mismo tiempo que los verbos irregulares, el respeto que me permita empaparme de su sabiduría.
Así pues, dejadme que os hable de estas islas que jamás han sido conquistadas, de este pueblo que ha vivido aislado durante tantos siglos; de su complicada religión, que cree en el susurro de los árboles y la sombra de los animales salvajes, y en sus silenciosos e imponentes templos. Para ellos no existe el color verde y la palabra "no" es tabú en su vocabulario. Son capaces de morir sin dudarlo por una idea y perder el respeto a algo o alguien puede significar la muerte autoinfligida. La belleza para ellos no está en los fastos y lujos de occidente, sino en los detalles, las cosas pequeñas. Y los nombres propios son secretos...
Si me preguntaran por qué empecé a estudiar este idioma y no otro, no sabría responder. No es que sienta una pasión especial por el manga, el anime o el ramen (que me gustan, sí, pero tanto como la novela gráfica inglesa, el cine sueco, o la comida italiana). Tampoco porque adore a tal o cual personaje famoso japonés, ni porque desee imitar a alguna de sus tribus urbanas: visual-kei, lolitas... No. El origen de mi pasión se remota a cosas bastante diferentes.
A extraños cuentos narrados cuando no era más que una seta. Brujas con nariz de hierro, amigos que se convierten en bueyes, viejas diabólicas con garras en vez de pies... y un país de gatos.
A dibujos en tinta china que más tarde descubrí que eran letras.
A las inquietantes películas de Kurosawa-san, Kobayashi-san y Miyazaki-san, que mostraban escenas de otro mundo; personajes inconcebibles para mí entonces.
A los grabados observados aquella vez en un museo de París.
A las enseñanzas de todos mis maestros, (どうもありがとうございました) que hacen que cada día el aprendizaje sea más apasionante...
日本の人にいつもこううんをいのます。
すみません。
miércoles, 9 de marzo de 2011
Como bien me ha dicho una amiga, no pienses en lo duro del trabajo, piensa en la recompensa que hay después. Lo importante es tener las cosas claras, concienciarse y no desfallecer, aun cuando quede por delante un no siempre agradecido camino. (O varios de ellos, en mi caso...)
Respiro hondo, pues. Las dos somos luchadoras, y nos vamos a ir allá cueste lo que cueste (literalmente).
En fin, sweetie, estoy de acuerdo contigo, si Dios fuera irlandés sería de Limerick...
domingo, 6 de marzo de 2011
Es un amante ingrato.
Reclama mi atención cada día, cada hora. Nunca es suficiente y siempre quiere más. Si alguna vez huyo, me pierdo entre libros o por Madrid, en sus oscuras calles, él espera paciente, pero cuando vuelvo... cuando, como un gato mojado de lluvia y hambriento retorno al calor del hogar, me espera. Con él no hay perdón ni comprensión, sólo un duro y cruel silencio. Es inflexible con sus castigos, sabe que le pagaré mis ausencias con sangre si hace falta, y exige hasta la última gota que le corresponde.
Pero es que soy esclava de su compañía, de la manera en que suavemente me domina y la pasión con la que yo al final consigo obligarle a satisfacerme. No siempre es fácil, pues muchas veces es necesaria una lucha, y mi tesón de fuego, y mi amor incondicional por encima de todo que es, lo que finalmente, consigo ablandar sus entrañas, que son de frío marfil. Y entonces el tiempo se detiene, y somos uno, y yo navego por universos desconocidos, soy transportada por su fuerza a otra parte.
No hay nada en el mundo que pueda pagar eso que siento, esa corriente de electricidad fluyendo en mí, sentir que hasta la más mínima brizna de mi ser se estremece y vibra en un despliegue de sentimientos placenteros y colores que nadie que no haya experimentado antes puede comprender. Y esa sensación tan poderosa de saber con certeza que ese es mi sitio...
La asombrosa habilidad de mi amiga para hacerme ver mi crueldad y falta de empatía cada vez que yo criticaba a tal o cual porque actuaba hacia mí de determinada manera, su acierto a la hora de formular las hipótesis, los supuestos móviles perfectamente comprensibles (y por tanto perdonables) de esos individuos, que actuaban desde luego de manera legítima y justificada frente a todo, las risas cantarinas con la que ella celebrara mis fallos de principiante y entre las que me proponía sencillas pero prácticas soluciones para acabar con todos mis males... decididamente me sacaba de quicio.
viernes, 4 de marzo de 2011
Y aquí estoy, recién cosida pero de buen humor. Disfrutando de unas forzosas vacaciones. En este momento, lo que más me apetece es un buen paseo por Madrid, por la zona antigua detrás del palacio real, ver el monte a lo lejos, la Almudena, subir y bajar larguísimas escaleras, ahora en el paraíso de una dorada puesta de sol y ahora en algún tugurio del inframundo, pero feliz, con algún agradable compañero de viaje con el que poder tener una buena conversación.
Y comeremos muffins.
Y luego nos iremos a bailar.
martes, 1 de marzo de 2011
Hay veces que me siento como una habitante del viejo mundo, fantasma vivo, portadora de recuerdos y ridículas costumbres dignas de ser admiradas, como se admiran los huesos pálidos por el tiempo del Triceraptos.
Educación, respeto, comedimiento, curiosidad.
Hace tiempo que pasaron de moda en estas pasarelas, pero se ve que yo los sigo llevando, será porque aún veo elegancia en lo pasado, aunque sus telas ya nunca reluzcan como antes ni sean dignas de ser llevadas en los grandes salones. O quizá es porque me parecen cómodos. O porque los llevo puestos desde hace tanto que ya no concibo mi existencia si no es arropada por estas melancólicas galas.
Sea como sea, así es como fui educada, y estas costumbres permanecerá por siempre como grabadas en mi genoma. Y no me avergüenzo de ellas. Aunque a veces me hagan hablar un idioma distinto, un idioma que, por virtud o por desgracia, pocas veces tengo ocasión de compartir con otros.
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