martes, 12 de abril de 2011



Hoy he llenado y llenado páginas de mi diario. Hacía siglos que no hacía algo así. Pero es agradable poder gritar en letras todo lo que llevas dentro y jamás contarías. Todo lo que ni siquiera tú misma quieres escuchar. Depositarlo ahí, en el papel, y dejar que las páginas llenas de polvo de años se encarguen de devorarlo, de desmitificarlo. Una purificación laboriosa pero sanadora.

Nunca releo lo que escribo. Tengo la impresión que, de hacerlo, esos diarios acabarían lamidos por un fuego cruel, que yo misma me habría encargado de alimentar. Pero a la vez los guardo. Más que a nada, tengo miedo al olvido. Y al menos entre esas páginas quedan recogidas todas esas personas que fueron yo en algún tiempo. Espero, con la paciencia del que planta un árbol, que algún día pueda leer todos esos pensamientos y sucesos con una tranquila sonrisa de comprensión. Sin culpar ni avergonzarme de lo que un día fui, de las tonterías que llegué a creer y a hacer.

Espero. Esta es, al menos, una espera agradable y pacífica. Una promesa fiel al tiempo.

domingo, 10 de abril de 2011



Silencio.

No sé que decir.

Sé que prometí otra historia, hace tiempo, pero no tengo el momento para escribirla.

Demasiados fantasmas rondando por la casa, incorpóreos y húmedos como sábanas mojadas en invierno. Que no van a ninguna parte. Simplemente me rodean. Impidiéndome ver con claridad, y llenándome la cabeza de aullidos desesperados.

jueves, 7 de abril de 2011






Se tiró desde la ventana cuando discutía con su madre.

Tenía un año más que yo. No le conocí.

¿Por qué?

Es una pregunta vacía que no sé responder.

Esta mañana, mientras caminaba por el subterráneo de la estación para coger mi segundo transbordo, vi un anuncio en la pared. Decía "¿Qué hacer si te detectan cáncer de mama?" Y debajo aparecía un teléfono, con las palabras: "Llama e infórmate" o algo así. Y al ver eso, pensé en mis pechos, tan sanos ellos, y en la remota posibilidad de verme aquejada de esa dolencia. Pero no tenía miedo. Por mucho que trataba de imaginar, la posibilidad me parecía tan remota como la de ser devorada por un tiranosaurious rex en ese preciso instante.

Somos jóvenes, pensé, mientras caminaba por el subterráneo abarrotado de gente adulta que caminaba deprisa, hacia sus respectivos trabajos, somos jóvenes y somos poderosos, no tememos a nada porque somos la vida. Aunque nos ocurran las cosas más terribles, siempre estará ahí esa venda de inocencia, incredulidad y esperanza que es la pantalla que nos protege de las incisiones ajenas. Esa venda que nos van quitando con el paso del tiempo, y es sustituida por la que creemos una clarificadora mirada: la resignación.

Pero hoy me doy cuenta de que tal vez mis palabras hayan errado, como flechas lanzadas al aire sin ninguna diana a la que alcanzar. En este mundo en el que lo tenemos todo, en el que nada falta, y aún así hay jóvenes que deciden acabar.

Porque yo no podría. Una fuerza férrea mantiene mis pies pegados al suelo, quizá sea la gravedad, quizá la intuición de que lo que tengo que hacer a penas ha comenzado.

Yo nunca...

Aunque da igual. La verdad que se oculta en la aparente locura de un acto como ese, jamás nos será desvelada.

Suicidio.

Renegar de todo esto. De la luz del sol, los mañanas, ese abrir los ojos y tener el día recién nacido entre los puños aún cerrados por el sueño. Renegar de los lugares que podrías ver, de la gente que podrías conocer, renegar de las lágrimas amargas y de las risas contagiosas, de la plenitud y el dolor.

Abandonar los colores por un gris claro y uniforme. Al menos estable.

Y dejarnos aquí a los demás, pobres ilusos, tratando de dar un sentido a este rompecabezas que no se sabe muy bien si es un milagro o una maldición.





Ojalá haya al menos paz y serenidad tras todo eso. Ojalá sea entonces cuando despiertes del sueño a una realidad mil veces más tangible...

miércoles, 6 de abril de 2011



Es triste ver como una gran amistad queda reducida a banales conversaciones sobre los precios del restaurante chino de la esquina.

martes, 5 de abril de 2011



No me gustan las alcachofas. Es algo muy personal pero no puedo evitar.

Tampoco me gustan las parejitas-pack, esto es, cuando dos personas vienen en un 2x1 (oferta habitualmente engañosa) se necesitan constante y mutuamente en lo que se ha convertido en una relación de dependencia malsana, que ellos maquillan en un alegre: "es que no puedo vivir con él y por eso lo necesito hasta para bajar a la esquina a comprar el pan". Un cómodo acuerdo de dos personas de gustos similares que deciden hacerse mutua compañía porque están cagados de miedo (y perdonen la expresión) y es más fácil actuar en sociedad teniendo la complicidad de otro ya comprada. Pero eso sí, nada de sexo de por medio, para qué, si nunca hay tiempo ni ganas. Mejor irme a comer a su casa y jugar a la familia feliz que nunca tuve.

Vale. Tal vez he sido cruel y me he pasado. Y reconozco que yo soy la primera que tiene miedo, que no soy mejor que ellos.

Pero me sacan de quicio.

Por favor, espero no acabar atada en un pseudo-matrimonio de viejos frustrados antes de cumplir los veinte años.




Pero es que detesto hacer planes para lo que sea y escuchar esa incómoda petición siempre: 

-¿Os importa que traiga a mi novi@? 


Pero si sólo estamos ensayando una obra de teatro para la uni... un ensayo... un simple ensayo...


Me frustro. Es que ni entonces quieren estar solos.


Fuera misterio.

lunes, 4 de abril de 2011








Miun vaan liiti lentämään
muuta maata matkomaan
miun vaan heitti tälle puolel
tälle puloel pohjatuulta

Lensi lintu liikkuvainen...




I was born to soar on high,
To travel into distant lands,
But the wind carried me afar,
On this side of the north wind.

Flew the bird, its great wings beating...

domingo, 3 de abril de 2011



Escribo esta entrada desde el dolor. He bebido más de la cuenta, todo es difuso, pero no tanto como para no alcanzar las letras; ellas solas se forman en mi cabeza y mis dedos buscan teclas a una velocidad que desafía mi nivel de alcohol en sangre...

Vivíamos en los suburbios, ¿recuerdas? Y para llegar a un lugar iluminado teníamos que pasar muchas estaciones, páramos vacíos y desolados, urbanizaciones a medio construir, letreros de autopistas hacia regiones lejanas...

Yo me miro en el espejo y tengo esa cara infantil que no cambió cuando me vino la pubertad. Cara bondadosa, dulce, que promete muchas cosas. Inocencia y candor. Sólo que detrás de todo eso está la desolación que sólo tú conocías, la de ser nadie y corriendo huir ante las burlas, recreos en soledad, golpes, miedo e ignorancia. La de la crueldad buscada. La del miedo.

Me gusta revolcarme en las duchas públicas, el suelo está pegajoso y huele moho, cuando lo toco con la yema de mi dedo raspa, porque se traga el agua, toda el agua...

En esas duchas, yo mi cara infantil, mis vaqueros y la camiseta blanca, ¿quieres un poco? No quieres respirar la locura, ¿por qué no? Me encanta, es genial, porque así no veo los azulejos rotos, y las luces de arriba danzan en una espiral que recuerda a una galaxia... ¡mira el techo, se abre, y muestra el mundo fuera, un aire que revive! Una aspiración y puedo con todo, joder, saldré de todo esto y mañana mismo me iré, a tomar por culo, sin nada, sin objetos inútiles, ¿para qué quiero, ropa, accesorios, libros, libros y libros... libretas llenas de garabatos? Sólo yo y mi corazón, y una historia en mi cabeza cada noche. Andaré por las calles sombrías, no tendré miedo... aceptaré a mis compañeros de tinieblas, me fundiré en la noche, y de mi no quedarán sino unas palabras susurradas con reverencia en el amanecer, cuyos ecos serán eternos...

La camiseta se me adhiere a la piel pegajosa, sudor y agua sucia, ¡voy a ser libre! Manos que me agarran por todas partes, tres hombres me rodean, les gusta mi cara, mis ojitos tiernos, mis labios caprichosos... manos me agarran y me atrae, sé lo que quieren, ¡no debería dárselo! pero lo deseo... las luces moribundas son estrellas, la ducha pública es el fondo de un pantano en el que me encanta perderme... un lodazal de azulejos, de suelos absorbentes... venid... necesito nuevas experiencias si quiero escribir, necesito probarlo todo, todo, que me devoren tres depredadores, que me arranquen la piel y las entrañas si quieren, que me partan en dos, que entren en mí que no dejen más que despojos... con el último aliento contaré esa historia...

Pero tengo miedo, porque son tres, porque me aplastan, porque quieren hacerme daño, porque lo desean y yo... yo... Tú estabas allí y me salvaste, tú me arrancaste de sus manos y trajiste el aire fresco y liberador de la calle. Risas y corremos mientras nos alejamos, nunca volverán a pillarnos.

Íbamos a un colegio religioso en metro, nuestras madres se trabajaban por la noche hasta la extenuación mortal para pagarnos la salvación de nuestras almas inocentes.
El vestíbulo era amplio y silencioso, era obvio que no encajábamos allí. Tú llevabas el uniforme recién planchado pero tenías la piel sucia y yo, aunque de manos limpias para ellos, llevaba la camisa por fuera y la corbata mal anudada, cantando por el pasillo...  Me río del profesor, sufro los castigos, golpeo y me golpean, y yo golpeo más hasta que caigo al suelo con el sabor de la sangre en la boca.

Hasta que tú, serenamente, me sacas, siempre me sacas de todos sitios, de allí, de allá, de mí. Y me preguntas por qué. Y yo te digo que lo necesito, que si no no siento la vida, que necesito experiencias, necesito experiencias...

Pero primero serás tú. Quiero que seas tú para no tener miedo después, para no arrepentirme. Para decir, ¡miradme, soy un objeto usado! Destrozadme si queréis, porque la perfección es ya imposible.

Y si no es perfecto no vale nada. ¡Nada! Soy un cable que conecta dos transmisores, soy el puente que une dos continentes, no tengo finalidad más que en lo transitorio. Soy cambio y nada quedará de mi cuando me vaya.

Te fuiste.

Crecimos.

Pero cuando escribo esto, recuerdo que realmente yo sentía esa urgencia, y que el mundo giraba muy rápido. Recuerdo que por muchos horarios que siga, por muchas cosas responsables que haga, lavarme los dientes antes de dormir y vestir recatadamente, no beber ni fumar, sigo siendo la misma criatura incontrolable de siempre. Salvaje. Que no es ajena al dolor y la crueldad. Que se devora a sí misma en un rincón oscuro y desangelado, que chorrea sangre propia entre los dientes y se ríe del resto que no pueden comprender la necesidad de alimentarse de uno mismo, de hacer que la pureza sea digerida antes de que se pudra irremediablemente al aire de otros...

Que apura el trago sin respirar.





Un trago por ti hoy.


http://www.youtube.com/watch?v=EJBsYcSFFB4