¿Habéis olido alguna vez el aroma de la carne podrida? Es un olor desagradable, porque resulta contrario a la vida. En alguna parte de nuestro cerebro se enciende una señal de alarma: eso no es bueno, no se puede comer, aléjate, grita una voz secreta, la supervivencia de los antiguos cazadores. El olor a podrido es dulce y picante a la vez, es desagradable… y adictivo. Una vez que tu nariz le permite pasar a los oscuros recovecos de tu cuerpo, aunque todo tu sistema nervioso parpadea y manda descargas eléctricas a tus músculos, instándoles a la huida, una parte de ti desea quedarse, y aspirar por siempre la muerte, la repugnancia, la descomposición. Porque no hay nada más humano que las vísceras descomponiéndose al sol, toda esa carne desparramada en un suelo que hace tiempo ha chupado la sangre, ofreciéndose.
De la nueva historia que me traigo entre manos.
