miércoles, 20 de julio de 2011




Te preguntas cuál fue el día que empezó todo.

En mi caso, eran los golpes. El saberme inferior y carne tierna para aquellas manos que podían moldear en mí a su gusto.

Después llegaron las miradas de desaprobación. Y los silencios cada vez más largos. Y la certeza de saber que no hablas el mismo lenguaje, que, para bien o para mal, te has transformado en algo que ya no pueden reconocer. Y que las pocas veces que sonríen, son recordando tiempos que pasaron y ya no volverán jamás.

No obstante, soy consciente de que, por mucho que esas cosas duelan, lo que yo hice ante todo eso no tiene perdón. Que no quiero seguir así pero de todas formas me siento como el ahogado que se niega a permitir que el agua entre en sus pulmones pese a saber que ya no habrá más aire. Unos eternos segundos agónicos

Y el por qué les perdí el respeto, no lo sé, aun cuando reconozco que ni siquiera tengo el derecho.

martes, 19 de julio de 2011



La rabia quema por dentro y envenena la sangre, pudriendo lentamente el interior de mi cuerpo, que ahora mismo es solo una masa de órganos deshechos.






Necesito una transfusión urgente.

domingo, 17 de julio de 2011



La noche tiene un encanto especial. Cuando caminas en un bosque tan solo bajo la agradable caricia de la luna, la realidad tiene colores diferentes. La soledad se encuentra tan cercana como la sombra propia, y el instinto se enciende. Cualquier crujido, los sonidos de los pájaros nocturnos y el aletear de los murciélagos. Las palabras pierden fuerza y el poder de la carne, de las alimañas hambrientas se impone a cualquier explicación racional. Y cualquier historia relatada de manera adecuada puede hacerse realidad entre las ramas de los árboles...

La chica de oriente y occidente caminábamos entre fantasías misteriosas e historias terroríficas, la curiosidad se mezcla con el pavor y la excitación con la más profunda aversión. Recuerdo una luna llena y brillante, y sus ojos enamorados, de una manera tan viva que era como sentir en mi rostro el calor de una llama.

-Sabes... -me susurro-. ¿Sabes que es lo que más me asusta pensar en momentos como este...? Que la persona con la que estoy no es realmente esa persona...

Y en ese instante, los rayos lunares iluminaron su rostro de una manera grotesca, y por un instante valoré la posibilidad de estar en un mundo de pesadilla donde los rostros conocidos no son más que máscaras que ocultan una realidad de colmillos y agresividad, y quizá se derritan como la cera a determinadas horas de la noche dejando ver la horrible realidad...

Gritamos a la vez, sin quererlo. Un grito furtivo en medio de la soledad del bosque. Porque cualquier cosa es posible una vez que abandonas la senda...

sábado, 16 de julio de 2011




http://www.youtube.com/watch?v=uqSebHeQpmY


Amor.

Amor es mirar en la misma dirección.

Amor estar yo aquí, pero verle o verla en cada sombra, en cada forma, en la manera en que la luz transforma los colores y saber

que ella o él habrían sonreído al estar justo en este punto del camino.

Y sentir esa cercanía más allá de lo físico.

Cercanía en el mundo de los sentidos.

















Eso me dijo la chica de Oriente y Occidente mientras coronábamos la cima de un monte, y dominábamos el mundo como un par de pájaros.




(¿Es posible amar así...?)

lunes, 11 de julio de 2011




Iba a enrollarme mucho en este post, pero el destino se rebela contra mí y le impide a mi verborrea extenderse como la lava del volcán arrasa todo.

Así que solo diré una cosa, como persona soy un desastre expresando mis sentimientos, pero como escritora reconozco que esta bastante bien conocer a gente es capaz, sin pretenderlo, de inspirarte.

Porque ya sabéis, amigos, amantes, familiares, van y vienen, no se puede evitar, that's life, it goes for ever and ever.

Pero, ¿quién de entre tantos te da ese maravilloso regalo?








domingo, 10 de julio de 2011



Esta entrada va por cierta persona que sé que lee mi blog (hay cosas que simplemente se saben y ya está, digámoslo así) pero que, curiosamente, nunca comenta. Bueno, comentar puede que comentara alguna vez, no os digo yo que no. Pero como los cometas, pasan un instante rayando el cielo nocturno, el mundo entero se maravilla durante un segundo... y nada, a esperar otros trescientos mil años más a que el dichoso pedrusco volador de hermosa cola plateada de una vuelta entera al universo (que no por nada dicen que es infinito...)

Ahora mismo me hallo perdida en medio de las montañas. El pueblo más cercano son cuatro casas en la ladera de una montaña donde raramente veo un alma cada vez que me acerco a pasear. Mis únicos compañeros son los mosquitos y los perezosos gatos que se pasean por el jardín. Lo demás es silencio, el ulular del viento entre las vigas de madera y el pasar de las nubes blancas, violáceas y grises por un cielo azul aguado.

Sé que a muchos puede resultarles idílico, maravilloso. Un retiro bucólico rodeada de animalitos agrestres y antiquísimas montañas. Pero este lugar, más que alentar mi creatividad o empujarme a crear obras inmortales... me intimida.

Las montañas son demasiado altas, los valles demasiado profundos, heridas en la tierra, y los riscos afilados como colmillos. Aquí los animales te observan en la distancia con el brillo del depredador de la mirada, avisando a quien ose internarse en los bosques de que es uno más en la cadena alimenticia. Pero sobre todo es la soledad, porque aquí, en plena naturaleza, se hacen innecesarias las apariencias. Ropa más o menos elegante, zapatos, peinados, maquillaje, ¿de qué le sirven a una en un lugar donde nadie realmente va a observarte o, lo que es más, puede que tengas que salir corriendo de un momento a otro si te encuentras con los jabalíes en el ocaso? Pero es que tampoco le interesa a nadie una aburrida charla sobre los conocimientos intelectuales, o el último libro que te leíste; las ocas o algún que otro perro callejero son los únicos oyentes potenciales. Y nadie quiere ver a una oca enfadada, eso os lo aseguro yo, así que mejor no dejar su posible analfabetismo en evidencia.

En la naturaleza, en definitiva, eres únicamente tú y tú mismo, y posiblemente sea eso lo que tanto me aterroriza. La chica de Oriente y Occidente me dijo que aprender a estar solo es una de las cosas más importantes de la vida y no precisamente imposibles, pero la tarea es ardua. Caminar en medio del bosque teniendo cuidado de no resbalar por una cuesta pedregosa llena de zarzas mientras te das cuenta de que no quieres escucharte a ti mismo es doloroso. Ese vacío, esa incapacidad de incomunicarse con lo que nos es realmente más cercano (la propia conciencia o como queráis denominarlo) me acompaña (al menos a mí) siempre; pero los avatares de la vida diaria en la ciudad me hacen olvidarlo, o mejor dicho, consiguen camuflar ese grito silencioso entre miles de sonidos. Pero aquí, ah, aquí no valen tretas, ni trucos, ni imágenes de anuncio perfectas o melodías pegadizas sin sentido. Aquí en medio de la naturaleza y su salvaje perfección me encuentro como una pequeña y triste criatura defectuosa, humo y espejismos. ¿Y detrás de todo eso...?

Aún no me he atrevido a mirar.

martes, 5 de julio de 2011



Cierta persona que lee este blog por cierto (pero no voy a señalar, ya desde que era pequeña me enseñaron que era de mala educación) insinuó una vez que la realidad no podía superar a la ficción. Ja. Que sepas que aún tenemos discusión para rato con este tema. Pero este post va por otra persona, y aunque yo no suela dedicar posts de manera personal (los dioses me libren, prefiero dirigirme abiertamente a mi posible público a andar con estúpidos favoritismos) he de reconocer que se da una situación especial.

Era una cría cuando recibí aquella postal. Suelo mandar un montón de postales en verano, da la casualidad de que siempre acabo en rincones interesantes. Nadie me solía responder nunca, no me lo tomaba de manera personal, pero era un hecho tan innegable como que el agua hierve a cien grados.

Hasta que, un buen día, yo estaba sentada en el comedor, allá por el Norte, y me dijeron por teléfono que X me había enviado una postal. Ni recuerdo ahora mismo de donde era. ¿X? Yo por aquel entonces conocía como siete personas con ese mismo nombre, no exagero, y la verdad, pensé en todas ellas menos en la que al final resultó ser. Cosas de la vida.

Sí, recuerdo en mi hogar aquella postal, aquel pedazo de papel entre mis manos. Una invitación. Una puerta abierta. Una llave. Era todo eso en mis manos y yo, que soy más curiosa que los gatos, quise dar ese paso.

Tenía catorce años.















Ahora, mucho tiempo después, solo puedo decir una cosa: algún día te haré inmortal.