martes, 15 de enero de 2013
Estudios recientes de la Universidad de Ohio han demostrado que tendemos a considerar nuestros pensamientos como objetos físicos. Se ha comprobado que si escribimos dichos pensamientos en una hoja de papel y luego arrojamos el papel a la basura, los descartamos mentalmente. Pero si escribimos los pensamientos en un papel que luego guardamos en nuestro bolsillo, es más probable que lleguen a hacerse realidad durante el día. Sin embargo, no basta con imaginar el proceso mentalmente, sino que es necesario llevar acabo el acto físico.
-Treating thoughts as material objects can increase or decrease their impact on evaluation, Pablo Briñol et al. Phsycological Science, 2012, Ohio University.-
Esto, ni más ni menos (en un artículo de más extensión y en inglés, lo de arriba es una traducción mia) es lo que he leído esta mañana mientras me tomaba el café. Honestamente, me ha dado qué pensar. Puede que algunos consideren esta tesis ridícula. No es de extrañar. Bien entrado el Renacimiento, los científicos y pensadores del momento tampoco contemplaban la idea de que el sol (y no la tierra) fuera 'el centro del universo'. La teoría heliocentrista ya se había valorado en los tiempos de los antiguos griegos, pero eso no salvó a Copérnico ni otros valientes que acabaron quemados en la hoguera por unas ideas demasiado atrevidas. A la Iglesia Católica no le gustaba pensar que el hombre, hecho a imágen y semejanza de Dios, tuviera una posición modesta en la bóveda celestial. Hoy en día, sin embargo, los científicos afirman que no somos más que una simple mota en medio de miles de constelaciones y planetas mucho más brillantes que el nuestro...
Lo que pretendo decir con este bien conocido ejemplo, es que la magia de ayer puede ser la ciencia del mañana. Y digo 'magia' porque esto de escribir los pensamientos en un papel que se arroja a la papelera o se lleva en el bolsillo me ha recordado inevitablemente al proceso de formular un hechizo. Efectívamente. Los sortilegios, la magia en general, existe en todas las culturas. A través de esta 'energía' se pretende controlar unas fuerzas tan poderosas como desconocidas. Los rituales a su vez se basan en una serie de acciones preestablecidas, que muchas veces son un reflejo simbólico del subconsciente o aquello que no puede ser explicado o controlado. Como los pensamientos en nuestra mente, que son como barcos sin timón en un mar caprichoso.
Y para qué negarlo... la palabra escrita tiene algún tipo de poder. Y digo escrita a mano, que no tecleada en un dispositivo electrónico. Que ya ha habido otros experimentos (que por pereza no cito, que esto es un blog que llevo en mis ratos ociosos, no mi tesis universitaria) que demuestran que las conexiones cerebrales que se activan al escribir a mano son diferentes a esas que he mencionado. Y no me tachéis de retrógrada: yo escribo a ordenador también mis trabajos creativos, que siento que así me ahorro el insufrible proceso de tener que pasar -antes o después- cientos de páginas a la máquina. (Ya lo he hecho antes, y he de decir que detesto la tortícolis que conlleva el estar mirando alternativamente la pantalla del ordenador y la página de papel). Pero las cosas importantes, las que quiero que se queden grabadas en mi mente (esto es, apuntes de la universidad, por ejemplo) siempre las tomo a mano. Igual que mi cerebro no asimila igual de bien lo que leo en la pantalla del ordenador a lo que puedo leer en un libro, lo que escribo a mano 'conecta' antes con mis neuronas.
¿Será mi cerebro de humanista? Puede. En cualquier caso, voy a empezar a hacerlo, lo de escribir mis pensamientos más recurrentes en post-its, y luego, al bolsillo o a la papelera. Porque no sé si eso hará que mi subconsciente los elimine o realce. Pero suena divertido, sobre todo lo de arrojar a la papelera algún mal augurio. Liberador...
lunes, 14 de enero de 2013
| Si os fijáis bien se ve la nieve caer... |
Hoy el día no ha podido empezar mejor. Una tonelada de cosas que desempacar... y tras la ventana, la nieve cayendo de la manera más furiosa que pueda imaginarse. ¡Cómo si el día azul de ayer hubiera sido un espejismo, una cruel broma con la que Edimburgo quiso saludarme! Qué queréis que os diga, me sentí timada esta mañana. ¿Dónde estaba el optimismo y los buenos deseos para este año aún tan joven? El cielo gris y la capa de nieve quebradiza que empezaba a formarse en el suelo no auguraban nada bueno...
En el brunch, más de lo mismo. Resulta que la máquina que lava los platos está rota, con lo cual nos vemos forzados a comer con vasos, platos y cuencos de plástico... que eso tiene un pase, pero claro, luego que venga alguien a intentar cortar la carne con ese trozo de plástico con una forma que recuerda vágamente a la de un cuchillo... Misión imposible. Vale más emular a los árabes y todas esas culturas que, tan sabiamente, se limitan a coger la comida con las manos. Y así, a dentelladas, puede una al final comerse el bistec...
| Arthur's Seat |
Sin embargo, el contacto humano, como de costumbre, reconforta bastante. Y después de una doble dosis del tan merecido roce con otros compañeros, me he largado a recorrer Edimburgo. Pese a las miradas perplejas de todos los demás, yo me he enfudado mi goretex, mis buenas botas, me he calado la gorra... y allá que me he ido. Ya no nevaba... Pero ha sido una buena oportunidad de lograr una fotos invernales y qaquí tenemospreciosas. Porque tengo la sensación de estar viviendo el primer Invierno (en mayúscula) de mi corta vida.
| Arthur's seat en el alegre verano |
| Arthur's seat... ahora. |
Claro que estamos en Invierno, y claro, el paisaje actual ha cambiado ligeramente.
| El árbol cortado acentúa el aire melancólico... |
Mientras caminaba, hacía un frío tan intenso que regresó una sensación que ya olvidé en España: cuando tienes las manos tan frías que los dedos empiezan a dolerte tanto que parece que se te van a caer. Sin embargo, he de reconocer que sentir el viento helado en las mejillas era de lo más vigorizante. Cuando llegué al centro de los Meadows, me acerqué a la pequeña cafetería que tienen en medio. Obviamente, con el tiempo que había, estaba cerrada. Pero me gustan ese tipo de sitios. Me recuerdan a España, donde las terrazas se estilan tanto (¡hasta en invierno!)
| Las mesitas las ponen sobre el cesped... ¡y ale! |
La verdad es que me han encantado los dibujos que tenían pintados sobre las contraventanas cerradas del café. Una mezcla inexplicable de estilo celta-fantástico que me ha dejado fascinada, como quien contempla los cuadros de un particular museo.
| ¿Alguien me explica por qué crecen los ciervos de la planta? |
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Y el cartel que avisaba que en primavera volverían a abrir, pero que mientras dure el invierno las puertas del café permanecerán cerradas, mientras el espíritu de las cosas cálidas permanece dormidito dentro... como el oso en su cueva de la montaña. Además, había otro mensaje escrito al final (¿quizá una nota de esperanza?)
Nuestro miedo más profundo no es ser mediocres. Nuestro miedo más profundo es ser poderosos, más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta. Nos preguntamos: ¿cómo podría yo ser brillante, hermosa, con talento, o maravillosa? Y sin embargo, realmente, ¿qué es lo que no puedes llegar a ser? Eres hija de los dioses. Empequeñecerte no le sirve al mundo. No hay nada de valeroso en arrugarse para evitar que otra gente se sienta insegura a tu lado. Has nacido para manifestar la gloria de los dioses que existe dentro de cada uno de nosotros. No está solo en algunos, sino en TODOS. Y al permitir que nuestra luz brille, inconscientemente le damos permiso a otra gente para hacer lo mismo. Al liberarnos del miedo, nuestra perseverancia automáticamente libera a otros.
-Marianne Williamson- El regreso del Amor.
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sábado, 12 de enero de 2013
Hoy he regresado a tierras escocesas.
Tenía mucha razón aquella persona que, antes de venir aquí, me señaló 'Escocia es un lugar que acoge. No importa de dónde seas, al partir siempre te sentirás un poco de allí'. Y qué razón. Solo llevo tres meses, pero volver, lejos de ser una experiencia difícil o triste, me ha procurado una suerte de alivio.
Ya desde el autobús que conecta el aeropuerto con el centro de la ciudad me he sorprendido a mí misma señalándole con entusiasmo a un improvisado compañero las diferentes formas de la ciudad que tienen un significado para mí.
-Mira allá, esto es New Town, todas las casas son de estilo victoriano, como en Londres...
-Fascistas, fascistas... -señalaba un viejo francés sentado en la esquina, en un español vacilante.
-Sí, bueno, es la zona posh, pija... -traducía yo a mi compañero-. Yo vivo en Old Town, la ciudad de los estudiantes, más medieval y tenebrosa....
Y al rato:
-Allí el castillo, míralo, sobre la montaña. ¿no es hermoso? Y allí abajo los jardines de Prince Street (y se veía la fuente de la musa).
-Lago -decía el francés. Y todo el mundo pensaba que estaba loco, con aquella retaíla de palabras en español que bien hubiera parecido fruto del azar. Pero yo le comprendía, porque aquellos términos despertaban recuerdos de la ciudad en mi mente.
-Sí, antes esa zona bajo el castillo, donde los jardines, era un lago... (Pero no cuento que ese lago era en realidad un pantano producto de las aguas fecales y demás deshecho de un Edimburgo medieval y muy, muy sucio. Eso sí, los jardines de Prince Street se llenan de flores en la estación cálida... ¿será ese estallido de brillantaes colores producto del abono de siglos?).
Y así hemos bajado en Weberly Station. Nos hemos dirigido hacia North Bridge -qué lejano y alto al mismo tiempo, y qué belleza al contemplar Salisbury Crags, imponentes y doradas al atardecer tras él-. Finalmente, he acabado dejando al muchacho a las puertas de su punto de llegada, una pensión en una de las calles que nacen como venas de la arteria principal que es Royal Mail. En pleno corazón de Old Town.
No puedo evitar pensar como cambian las tornas. Hace unos meses era yo la que aterrizaba nueva en esta ciudad, sin saber si quiera dónde estaba la universidad. Y ahora, no tanto tiempo después, no solo me regocijo al caminar por sus calles, sino que además soy capaz de transmitir a otros todo lo que Edimburgo me hace sentir... Hermosa metrópoli esta. Y además, hoy me siento optimista. Porque ya daban las cuatro de la tarde... ¡y seguía siendo de día! Podremos estar en lo más crudo del invierno, pero, lentamente, el sol va reclamando su reinado.
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domingo, 6 de enero de 2013
Estos días he visto dos películas que me han traído diferentes recuerdos.
Por un lado está Drive, de la que ya hice un pequeño comentario -ay, la vagancia- en el post anterior. Pese a lo que pueda sugerir dicho párrafo, la verdad es que no es una historia que disfrutara mucho. De hecho, ya hubo algo que desde el principio me dejó descolocada. ¿Y sabéis que fue? Las letras de los créditos al inicio de la película. Al principio pensé que me había equivocado y todo. Porque eran de color rosa fucsia (no tengo nada en contra de ese color, pero reconozcamos que es un poco particular, teniendo en cuenta que la historia de Drive pretende ser un drama de acción); y además, en una caligrafía ochentera de lo más hortera.
Luego la historia. No me pareció muy original. No es que esté mal, pero ya he visto el mismo hilo argumentativo en otras ocasiones (moraleja de siempre: NUNCA te metas con la mafia -judíos, rusos, italianos, da igual- porque una vez te fichan solo puedes salirte hecho fiambre). Además, lo peor de Drive fue la pseudo historia de amor. Los dos, el chico y la chica, no podían ser más sosos ni aunque lo intentaran, desde mi punto de vista. Y a Ryan Gosling le doy un pase, básicamente porque me parece que está bueno, con lo que yo solita me entretengo con las vistas sin necesidad de que el chaval me deslumbre con sus dotes retóricas. La de miradas que le echa a la muchacha... (porque hablarle, la verdad es que le habla poco). Algunas son de tipo cachorro abandonado (¡Adóptame!) y otras son del tipo intento que pienses que soy una persona profunda pero en realidad solo estoy pensando en todas las cosas que podríamos hacer en la cama.
Pero ella... ella es para emparedarla viva y luego olvidar dónde, lo juro. Porque venga Ryan Gosling con sus miraditas por aquí, carantoñas al crío por allá (sí, ella tiene un crío que, por cierto, no se le parece ni en el blanco de los ojos) favores varios por allá... ¡Y la mujer es que ni se inmuta! Parece una muerta en vida. Pero lo mejor es sin duda el diálogo en el punto álgido de la historia:
Protagonista de Drive: Solo llamaba para despedirme, porque me voy a un sitio del que puede que no vuelva nunca. [Obviamente, el chaval se ha metido en un embolado de cuidado solo por salvar a la chica].
Chica sosa: ...
[Finalmente ella cuelga].
¡¡En serio!! Osea, que es que por no darle no le da ni las gracias por todo lo que ya ha hecho el pobre. Y ni hablar de la declaración de amor, posible preocupación por un amigo aunque sea... etc. Vamos, es que yo soy el protagonista y me pego un tiro, porque que ya sé que las cosas que se hacen de corazón se hacen y punto, pero lo de esta chica es poco menos que cruel indiferencia.
Para más inri, cuando ya *SPOILER* han metido una puñalada al protagonista, la chica se acuerda de algo y decide ir a llamar a su puerta (son vecinos) para ver si está. Naturalmente NO está (la frase "me voy a un sitio del que puede que no vuelva nunca" sugiere que no va a estar precisamente en su salón viendo un partido, pero es que la muchacha además de indiferente debe ser también un poco lerda).
Total, que el que debiera ser el momento más dramático de toda la película perdió todo el encanto por la reacción de la chica, la verdad. Al final solo me parecía un mal chiste, y tenía más ganas de reír -disfruto con el humor negro- que de llorar.
La segunda película que vi era mucho más larga que Drive (casi tres horas) pero psicológicamente se me hizo más corta. Se ha dicho mucho de la película de El Hobbit, pero qué queréis que os diga, a mí me ha gustado mucho. Me parecía que Peter Jackson tenía bastante difícil superarse después de la fantástica trilogía de El Señor de los Anillos, pero creo que El Hobbit es un muy digno trabajo. Naturalmente, El Señor de los Anillos da para mucho más tema argumentalmente hablando (personajes más complejos, tramas más desarrolladas, mayor lectura moral-filosófica) y adaptar El Hobbit, un libro corto comparado con sus hermanos mayores, a una nueva trilogía es un error -probablemente se deba a factores comerciales-. Pero los paisajes en El Hobbit son impresionantes (¡Billete de avión para Nueva Zelanda ya!), los efectos especiales y decorados cuidados con todo lujo de detalles (Quiero irme a la madriguera de Bilbo de vacaciones...) y las actuaciones impecables.
Yo es que siempre he disfrutado con J. R. Tolkien, y para mí sus historias siempre serán de las más emblemáticas de la literatura fantástica. Tenía la tierna edad de nueve años cuando El Hobbit aterrizó en mis manos por primera vez. Recuerdo que la historia, a pesar de que me costó entenderla en algunas partes (el que ha leído a Tolkien sabrá que su lenguaje algunas veces puede resultar algo denso) me hizo vibrar. Seguidamente devoré la trilogía del El Señor de los Anillos, que tiene pasajes que han quedado para siempre grabados en mi imaginación (especialmente el descenso a las minas de Moria, la resurrección de Gandalf... ) De las adaptaciones cinematográficas no me fiaba mucho, pero fue ver la primera y quedé embelesada. Para mí, el trabajo de Peter Jackson es soberbio. Que el libro será mejor y con más detalles no lo pongo en duda, pero las películas son, todas ellas, un regalo para los sentidos. Y El Hobbit también, claro que ha tenido que alargarlo un poco para hacer la trilogía (Ay, Peter, ¿por qué te puede la avaricia?).
Me encanta el personaje de Bilbo Bolsón. Confieso que me sentí identificada con él cuando se debate entre si permanecer en su encantador agujero de hobbit o partir a ensuciarse de lodo y sangre corriendo aventuras... porque es el mismo dilema que yo he afrontado este año. De hecho, el personaje en cuestión (y los hobbits en general) me recuerdan, por su forma de ser, a pequeños ciudadanos británicos asentados en su perfecto cotage lleno de cosas cucas.
Los enanos también son muy divertidos. Aunque que alguien me explique por qué la mayoría llevan unas prótesis horrendas que les hacen tener nariz de patata o pómulos saltones (tipo enanitos de Blanca Nieves, vamos) y el príncipe de los enanos es de los únicos que simplemente es un actor corriente al que han cortado para hacer más bajito... ¡eso no vale! Pobrecicos los otros... casi parecen dos razas diferentes, madre mía.
A una amiga mía le gusta Thorin, yo es que entre tanto pelo casi no le veo la cara...

También disfruté el momento en que Galadriel y Gandalf hablan. Parece uno de estos reencuentros entre antiguos amantes (estos dos tuvieron rollo, está claro) lo malo es que el tiempo en años élficos es... ¿cómo decirlo? más benevolente...
Pero vamos, yo me quedo con Bilbo de joven, que si no le miras los pies desproporcionadamente enormes, tiene su puntillo y todo. ¡Y una gallardía sin igual para llevar chalecos y levitas!
| Venga, está buenorro, reconozcámoslo. |
Por un lado está Drive, de la que ya hice un pequeño comentario -ay, la vagancia- en el post anterior. Pese a lo que pueda sugerir dicho párrafo, la verdad es que no es una historia que disfrutara mucho. De hecho, ya hubo algo que desde el principio me dejó descolocada. ¿Y sabéis que fue? Las letras de los créditos al inicio de la película. Al principio pensé que me había equivocado y todo. Porque eran de color rosa fucsia (no tengo nada en contra de ese color, pero reconozcamos que es un poco particular, teniendo en cuenta que la historia de Drive pretende ser un drama de acción); y además, en una caligrafía ochentera de lo más hortera.
| Ay, cómo miramos a la rubia... |
Luego la historia. No me pareció muy original. No es que esté mal, pero ya he visto el mismo hilo argumentativo en otras ocasiones (moraleja de siempre: NUNCA te metas con la mafia -judíos, rusos, italianos, da igual- porque una vez te fichan solo puedes salirte hecho fiambre). Además, lo peor de Drive fue la pseudo historia de amor. Los dos, el chico y la chica, no podían ser más sosos ni aunque lo intentaran, desde mi punto de vista. Y a Ryan Gosling le doy un pase, básicamente porque me parece que está bueno, con lo que yo solita me entretengo con las vistas sin necesidad de que el chaval me deslumbre con sus dotes retóricas. La de miradas que le echa a la muchacha... (porque hablarle, la verdad es que le habla poco). Algunas son de tipo cachorro abandonado (¡Adóptame!) y otras son del tipo intento que pienses que soy una persona profunda pero en realidad solo estoy pensando en todas las cosas que podríamos hacer en la cama.
Pero ella... ella es para emparedarla viva y luego olvidar dónde, lo juro. Porque venga Ryan Gosling con sus miraditas por aquí, carantoñas al crío por allá (sí, ella tiene un crío que, por cierto, no se le parece ni en el blanco de los ojos) favores varios por allá... ¡Y la mujer es que ni se inmuta! Parece una muerta en vida. Pero lo mejor es sin duda el diálogo en el punto álgido de la historia:
Protagonista de Drive: Solo llamaba para despedirme, porque me voy a un sitio del que puede que no vuelva nunca. [Obviamente, el chaval se ha metido en un embolado de cuidado solo por salvar a la chica].
Chica sosa: ...
[Finalmente ella cuelga].
| La Bella Durmiente se despertó con un beso, pero esta ni por esas.... |
¡¡En serio!! Osea, que es que por no darle no le da ni las gracias por todo lo que ya ha hecho el pobre. Y ni hablar de la declaración de amor, posible preocupación por un amigo aunque sea... etc. Vamos, es que yo soy el protagonista y me pego un tiro, porque que ya sé que las cosas que se hacen de corazón se hacen y punto, pero lo de esta chica es poco menos que cruel indiferencia.
Para más inri, cuando ya *SPOILER* han metido una puñalada al protagonista, la chica se acuerda de algo y decide ir a llamar a su puerta (son vecinos) para ver si está. Naturalmente NO está (la frase "me voy a un sitio del que puede que no vuelva nunca" sugiere que no va a estar precisamente en su salón viendo un partido, pero es que la muchacha además de indiferente debe ser también un poco lerda).
Total, que el que debiera ser el momento más dramático de toda la película perdió todo el encanto por la reacción de la chica, la verdad. Al final solo me parecía un mal chiste, y tenía más ganas de reír -disfruto con el humor negro- que de llorar.
La segunda película que vi era mucho más larga que Drive (casi tres horas) pero psicológicamente se me hizo más corta. Se ha dicho mucho de la película de El Hobbit, pero qué queréis que os diga, a mí me ha gustado mucho. Me parecía que Peter Jackson tenía bastante difícil superarse después de la fantástica trilogía de El Señor de los Anillos, pero creo que El Hobbit es un muy digno trabajo. Naturalmente, El Señor de los Anillos da para mucho más tema argumentalmente hablando (personajes más complejos, tramas más desarrolladas, mayor lectura moral-filosófica) y adaptar El Hobbit, un libro corto comparado con sus hermanos mayores, a una nueva trilogía es un error -probablemente se deba a factores comerciales-. Pero los paisajes en El Hobbit son impresionantes (¡Billete de avión para Nueva Zelanda ya!), los efectos especiales y decorados cuidados con todo lujo de detalles (Quiero irme a la madriguera de Bilbo de vacaciones...) y las actuaciones impecables.
| ¡Aventuras... yupiii! |
Yo es que siempre he disfrutado con J. R. Tolkien, y para mí sus historias siempre serán de las más emblemáticas de la literatura fantástica. Tenía la tierna edad de nueve años cuando El Hobbit aterrizó en mis manos por primera vez. Recuerdo que la historia, a pesar de que me costó entenderla en algunas partes (el que ha leído a Tolkien sabrá que su lenguaje algunas veces puede resultar algo denso) me hizo vibrar. Seguidamente devoré la trilogía del El Señor de los Anillos, que tiene pasajes que han quedado para siempre grabados en mi imaginación (especialmente el descenso a las minas de Moria, la resurrección de Gandalf... ) De las adaptaciones cinematográficas no me fiaba mucho, pero fue ver la primera y quedé embelesada. Para mí, el trabajo de Peter Jackson es soberbio. Que el libro será mejor y con más detalles no lo pongo en duda, pero las películas son, todas ellas, un regalo para los sentidos. Y El Hobbit también, claro que ha tenido que alargarlo un poco para hacer la trilogía (Ay, Peter, ¿por qué te puede la avaricia?).
| Cara de circunstancias... |
Los enanos también son muy divertidos. Aunque que alguien me explique por qué la mayoría llevan unas prótesis horrendas que les hacen tener nariz de patata o pómulos saltones (tipo enanitos de Blanca Nieves, vamos) y el príncipe de los enanos es de los únicos que simplemente es un actor corriente al que han cortado para hacer más bajito... ¡eso no vale! Pobrecicos los otros... casi parecen dos razas diferentes, madre mía.
A una amiga mía le gusta Thorin, yo es que entre tanto pelo casi no le veo la cara...
También disfruté el momento en que Galadriel y Gandalf hablan. Parece uno de estos reencuentros entre antiguos amantes (estos dos tuvieron rollo, está claro) lo malo es que el tiempo en años élficos es... ¿cómo decirlo? más benevolente...
| Los años no perdonan no perdonan al mago. |
Pero vamos, yo me quedo con Bilbo de joven, que si no le miras los pies desproporcionadamente enormes, tiene su puntillo y todo. ¡Y una gallardía sin igual para llevar chalecos y levitas!
viernes, 4 de enero de 2013
Siempre hay algo dramáticamente atractivo en esta clase de héroes. Quizá esté en sus miradas penetrantes, siempre empapadas de ese tipo de dolor que sugiere una tragedia inexplicable, o al menos, más allá del entendimiento de los simples mortales. Pero esa cicatriz transparente, ese sufrimiento que arrastran, te hace amarlos aún más. (De igual manera que se nos enternece el corazón al encontrarnos un polluelo que se ha caído del nido, y ya no se desea otra cosa que colocarlo, con manos de seda, de nuevo en su sitio, el que nunca debió abandonar).
http://www.youtube.com/watch?v=MV_3Dpw-BRY
jueves, 3 de enero de 2013
ALIEN - TAKE THAT.
Through the carnage of the crash
Baby I'm with you
And the photos in a flash
Baby I'm with you
Through violent seas
Baby I'm with you
Until release
Baby I'm with you
And all the animals in the park
Are waiting for their dinner to come
And all the creatures in the dark
Are waiting for the light to come on
En lo salvaje de la muerte,
Querida, estoy contigo
A la hora de sacar las foto,
Querida, estoy contigo
En la violencia de los mares
Querida, estoy contigo
Hasta la liberación
Querida, estoy contigo
Y todos los animales en el parque
Esperan el llegar de su cena
Y todas las criaturas en la oscuridad
Esperan el llegar de la luz
We are the aliens,we are, we are, we are alien
God loves the aliens, we are, we are, we are alien
All the animals in the park, alien
And all the strangers that wake up in the dark
Are waiting for the light to come on
Somos los aliens, nosotros somos, nosotros somos, somos los aliens
Dios ama a los aliens, nosotros somos, nosotros somos, somos los aliens
Todos los animales en el parque, aliens
Y todos los extraños que despiertan en la oscuridad
esperan el llegar de la luz.
Alien Alien
Aliens, aliens.
Through electronic desire
Baby I'm with you
And the elements of fire
Baby I'mwith you
Through everything
Baby I'm with you
All the counterfeited scream tonight
When all the elevated
Become illuminated
En el deseo electrónico
Querida, estoy contigo
Y en los elementos del fuego
Querida, estoy contigo
En todo
Querida, estoy contigo
En los falsos gritos nocturnos
Cuando todos los elevados
se convierten en iluminados.
We are the aliens, we are, we are, we are alien
God loves the aliens, we are, we are, we are alien
All the animals in the park, alien
And all the strangers that wake up in the dark
Are waiting for the light to come on
Somos los aliens, nosotros somos, nosotros somos, somos los aliens
Dios ama a los aliens, nosotros somos, nosotros somos, somos los aliens
Todos los animales en el parque, aliens
Y todos los extraños que despiertan en la oscuridad
esperan el llegar de la luz.
Alien, alien, alien, alien, alien, alien, alien
Aliens, aliens, aliens, aliens, aliens, aliens, aliens.
We are the aliens, we are, we are, we are alien
God loves the aliens, we are, we are, we are alien
All the animals in the park, alien
And all the strangers that wake up in the dark
Alien
Somos los aliens, nosotros somos, nosotros somos, somos los aliens
Dios ama a los aliens, nosotros somos, nosotros somos, somos los aliens
Todos los animales en el parque, aliens
Y todos los extraños que despiertan en la oscuridad
Aliens.
Hoy he quedado con N., la chica (una de las muchas) japonesa que conocí en Edimburgo. N. es el prototipo de japonesa kawaii que uno deduce de los anime/doramas/manga (los prototipos no son más que un atajo de la mente, que le gusta catalogar las cosas y ponerlas en cajitas para hacerlo todo más fácil, pero huelga decir que si se tiene algo de astucia una no se va a fiar de ellos). Alta, ropita adorable -de esa que se ponen las japonesas, siempre colores claros y discretos, si acaso un rosita, pero eso sí, el toque femenino y sexy en los tacones- pelo negro ultraliso con flequillo perfecto. Ojos de almendra y sonrisa tímida. Lo que más me gusta de ella es su nombre (La primera parte (kanji) de su nombre significa vegetal, y la segunda luna... lo cual me lleva a deducir: ¿vegetal lunar?). Y, también, su manera de usar la palabra really, como muletilla al final de todas las frases. Cómo me costó entenderlo al principio, porque claro, como pronunciaba ráreri... (Y luego los hay que se quejan del spanglish... pues los japoneses anda que no están sordos).
Pero afinando más en el carácter de N., no es oro todo lo que reluce -ni todas las japonesas tan modositas como parecen-. Resulta que un día habíamos quedado delante de la biblioteca de universidad. Según me voy acercando al edificio, veo a una pareja que se está dando el lote de una manera que -creedme- solo se ve en España. Recuerdo que me sorprendí al ver que eran orientales -por mi experiencia esto es aún más raro- y ya no puedo explicaros mi estupor al ver que la chica que se fundía en un apasionado beso con lengua no era otra sino nuestro legado de virtudes, cortesía y comedimiento, mi querida N.
Y el caso es que luego la chica -que sabe que lo sé, claro- siempre me habla de su friend. Con el que también se ha ido a París estas navidades, por cierto. Ay, N, yo quiero amigos como los tuyos, no estos japoneses que conozco, que son más fríos que la hoja de una katana clavada sobre la nieve el día más inhóspito del invierno en Hokkaidou,,,
Así que, volviendo al orígen de este post, me he encontrado con N. y su amiga Y. A Y. no la conocía, pero me contó N, que estudiaba español en una universidad de Málaga. Mi primera conversación con Y.
-So, do you speak Spanish, do you? (Así que hablas español, ¿no?)
-Oh, yes, but just a bit, you know, I have only been studying it for one year and a half... (Ah, sí, pero solo un poco, ¿sabes? Solo llevo estudiándolo un año y medio),
(Acto seguido se pone a hablar conmigo en un español cuasi perfecto, vamos, que ya querría yo tener ese dominio del japonés. Lección: la humildad japonesa se basa en las patrañas más viles.)
Tras aclarar este punto, las he estado llevando por Madrid, enseñándoles lugares que me gustan y destrozando sus pobres pies, como es mi grata costumbre con todo aquel que se atreve a acompañarme en mis legendarios paseos. (Pero reconoced al menos que llevar tacones para hacer turismo no es una buena idea).
Eso sí, la anécdota final ha sido en una cafetería de Chueca. Entramos a pedir unos tés y nos ponen de acompañamiento unas galletitas envueltas cada una en su paquetito rojo. (Que ya podian ponérnoslas, ya, por dos euros y medio el té, jolines). Estábamos tomándolas tan contentas cuando de repente S., una grata compañera española de aventuras:
-Oye, ¿habéis visto la fecha de caducidad?
Todas la comprobamos y resulta que...
Sí, diez de octubre del año pasado, vamos, que nos hace dos semanas que se diga.
-Pues voy a ver si hablo con el chico para que no las cambie (Esto lo dijo A., mi otra acompañante española y camarera en sus ratos libres, que claro, es entrar en una cafetería y ya se siente "como en casa".
-¡Eso, eso, a ver si nos invita a los tés! (Entusiasmo popular de fondo por parte del frente español).
Total, que A, espera a hablar con el chico de la barra, pero es casi imposible. Resulta que la maravillosa ley de Murphy quiso que cuando entráramos en la cafetería esta estuviera tan vacía que por no haber no había ni camarero en la barra (tuvimos que esperarle hasta que surgió de entre las profundidades de la cocina) pero ahora que requeríamos su atención no dejaba de entrar gente nueva...
Al final A. se cansó y se volvió a sentar. Las galletas (o lo que quedaba de ellas) seguían, como cadáveres a medio mutilar, esperando en la mesa. Finalmente el chico se acercó a nuestra esquina (pero a arrebatarnos los menús, no os penséis que le importábamos lo más mínimo).
Y en estas A,, camarera en sus ratos libres y portadora oficial de nuestro descontento:
-Oye, ¿esto es la fecha de caducidad? (Con vocecilla inocente, enseñando el envoltorio).
-(Camarero a toda velocidad, sin mirarnos si quiera). Nah, eso es consumo preferente. Ya sé que igual no está en su mejor momento, pero... (Y desaparece a atender a otros).
En serio. Ya sé que te regalan la puñetera galletita, pero no sé, a veces me repatea mucho este pasotismo español. Si vas a hacer algo, por lo menos hazlo bien, y si no, pues no lo hagas. Y yo no he montado aún ningún negocio, pero por lógica y todas estas cosas que no parecen abundar hoy en día... ¿No es la primera regla la de mantener al cliente contento?
Así que entre risas -y un pelín de vergüenza ajena por eso de que estábamos con las japonesas- nos hemos acabado el té y nos hemos marchado del local. Por cierto, que al salir todas nos hemos fijado en lo mismo: había muchos incautos comiendo las galletitas caducadas desde hace tres meses con su té. Ay, pobrecicos... Así que, movida por la empatía humana, os dejo esta pequeña pista. Ya sabéis si vais por el local: el té esta muy rico (nota: el té NO caduca).
Si es que como decía A., que ya está curada de espanto.
-Jolines, yo es que sacarlas pues vale, las habría sacado, pero al menos les habría quitado los envoltorios y las habría puesto en un platito o algo así... ¿Qué le costaba al tío ese? ¡Que solo éramos cinco, no treinta! Es que es inadmisible...
Pues eso.
| Pese a lo que pueda parecer juro que estaba rico... Apple Pie Tea, para más señas. (Ahora que lo pienso, cualquiera diría que me han metido un cacho de tarta de manzana en agua hirviendo, jajaja...) |
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