viernes, 22 de marzo de 2013
Hoy he estado de un humor extraño. Lo definiría como mal humor, pero ha tenido una dosis demasiado alta de melancolía aderezada con impotencia.
Para empezar, he vuelto a quedarme dormida por segundo día consecutivo. He tenido que desayunar rápido e ir a clase (no quería perdérmela, el tema me interesaba especialmente). Pero, de todas formas, he llegado veinte minutos tarde. Luego e ido a comprarme unos auriculares nuevos -porque perdí los míos el domingo en la biblioteca, y por más que ido a preguntar a Objetos Perdidos no los tienen... y mira que ya habrían podido llevarlos ahí, vaya, que eran unos auriculares normaluchos, baratos, ¡pero eran los únicos que yo tenía!-. Cuando, en un rato, he querido abrirlos (estaban metidos en una caja embalada a más no poder- he agarrado unas tijeras... y he acabado por cortar uno de ellos sin darme cuenta mientras intentaba sacarlos. Sí señor. Ha habido un momento en el que he querido llorar, pero luego me he dicho, ¿para qué?
Además de eso, he tenido que soportar un frío que cada vez se hace más intenso (con el añadido de que es desesperante, porque estamos teniendo peor tiempo que en Invierno, y eso que ahora es oficialmente Primavera) e incluso me ha caído granizo encima (el resto del día más o menos soleado).
Estoy cansada, pero no solo es cansancio físico, sino también existencial, de ese que parece que tienes que arrastrar el alma. Y yo sé por qué es (en parte). Es porque ayer, en la proyección semanal de uno de mis cursos, no fui capaz de quedarme ante la escena de una película. Es curioso. Esa escena me impresiono mucho en su momento, pero yo esperaba que en un lapso de más de diez años hubiera superado algunas cosas. Pero no. Allí estaba yo, incapaz de disfrutar al completo de my favourite film ever, completamente aterrorizada ante la perspectiva de enfrentarme a lo que ya se ha convertido en un fobia.
Y no sé, desde entonces me siento un poco decepcionada conmigo misma. ¿Tan lejos he llegado para arrugarme con tan poco?
For Wendy F. (The people I have met).
jueves, 21 de marzo de 2013
miércoles, 20 de marzo de 2013
Justo cuando salía del comerdor, me he encontrado con un hombre mayor que llevaba un cubo de caramelos. Se me ha acercado, muy simpático y sonriente:
-¿Quieres uno? -me ha dicho-. Son gratis.
Un hombre mayor, vestido con un jersey de lana, cabello blanco y ya ralo, bigote y barba, gafas de enormes de montura anticuada que seguro que no se cambia desde los setenta (aunque mira por donde, ahora se ha vuelto a poner de moda ese modelo...) ofreciendo caramelos a los estudiantes universitarios.
Cambiamos un poco la escena: en vez de del comedor salen del colegio, no universitarios, sino niños...
¿En qué estáis pensando?
Aunque claro, a este hombre ya lo conocía yo de antes. El caramelo que te da viene siempre acompañado de un folletín de propaganda. No es que me gusten los caramelos (y los folletines menos) así que usualmente no se lo cojo. Pero hoy sí, porque quería hacer esta entrada y adjuntaros la foto correspondiente.
Religión... y caramelos. No es la primera vez que lo veo. En el campus, el otro día, había un stand con unos jóvenes pulcros y sonrientes que ofrecían té, café... ¡y muffins! gratis. Tenía que haber gato encerrado, naturalmente, pero de todas forma me acerqué a preguntar.
-¿Por qué son gratis?
Y empezaron a contarme sobre la vida y milagros del salvador mientras me daban el correspondiente panfletito, avisándome de que, si iba a las charlas, allí daban el lunch gratis... Una oferta bastante tentadora para los estudiantes universitarios, que por lo general andamos siempre bastante hambrientos. El cerebro consume muchas calorías, y, por otro lado, los hay, como una servidora, que prefieren comprar libros a comida... (la literatura es uno de los manjares que más nutre al espíritu).
Sin embargo, no deja de sorprenderme esta estrategia. Obviamente, es la de una campaña publicitaria. Sin embargo, me cuesta relacionar algo tan especial como la espiritualidad con la campaña de venta de un artículo cualquiera. Una empresa que invierte en caramelos, o en cientos de muffins (porque aquellos eran muffins de los que se compran, no de los que se han hecho a mano el día de antes por unos pocos estudiantes) para ganar adeptos que posteriormente traerán más capital a dicha institución...
La espiritualidad es un camino que empieza dentro de uno mismo, a mi entender. Un viaje que se decide emprender en solitario. Una actitud silenciosa, una decisión consciente, ya sea originada por nuestros propios pensamientos o transmitida... pero, ¿qué pintan los caramelos en todo esto?
Siempre he rehuído a los grupos que tratan desesperadamente de atraerme. Y más aún si son doctrinas. No me fío de las personas que lo ven todo en terminos de blanco (lo que yo pienso) y negro (el resto del mundo). Aunque tengo mis propias creencias (muchas y variadas) jamás he tenido la necesidad imperiosa de que otros las compartan. Si llega alguien, se sienta a mi lado, charlamos, y resulta que compartimos algunos puntos de vista... bueno, entonces es divertido. Pero no voy a ir corriendo detrás de la humanidad en general tratando de convencerles de que algo que yo creo cierto. Basicamente, porque creo posible que haya otras verdades a parte de la mía y eso no me molesta.
Pero cuando ya intentan meterme la pildorita religiosa con el caramelo, como si de un jarabe infantil se tratara... no puedo menos que sonreír con un poco de lástima. No sé si es que las iglesias necesitan desesperadamente adeptos o si piensan que están salvando nuestas almas y que el fin justifica los medios, pero en cualquier caso me parace hasta casi un insulto hacia lo que la espiritualidad, en su sentido más puro, representa. El transcender de la realidad, esa adquisición de una visión nueva y más afinada que nos permite cerciorarnos de que no existe un solo horizonte.
Definitivamente, me interesan las cosas invisibles. Pero no quiero caramelos que, en cualquier caso, solo terminarán por sacarme caries.
For Wendy F. (the people I have met).
martes, 19 de marzo de 2013
Estoy cansada. He llegado a un punto en el que solo me apetece correr, subir hasta la cima de Arthur`s Seat aunque me cueste la vida y gritar, gritarle a los dioses que ya hemos tenido bastante invierno, es suficiente, muchas gracias.
Con este ya son seis meses. Seis meses de oscuridad, de frío, de vieto polar, de nieve... Seis meses largo que hemo ido aguantado como hemos podido: Bonfire Night, las decoraciones navideñas ayudan... luego enero y febrero se viven como un trámite obligado. Pero, ¿este tiempo en marzo, a unos pocos días de la llegada oficial de la primavera? Las flores ya habían empezado a salir (pobres daffodiles, ¿qué será de ellos ahora?) los días se alargan... ¿pero qué más da cuando se vive en una noche eterna?
El día de hoy ha sido de esos en los que no hay luz: solo el cielo gris oscuro, pesado y amenazante. Nieve, nieve de todas las intensidades posibles, ahora más fuerte, ahora más suave, ahora casi lluvia y luego tan dura como el granizo. Y el frío es tal que duele respirar. Y la ciudad es más gris que nunca. Terribles momentos estos en los que vienen los elementos a mostrarnos su cara más despiadada: aquella que todo lo destruye.
Quiero la primavera.
For Wendy F.
lunes, 18 de marzo de 2013
domingo, 17 de marzo de 2013
Hoy me he acordado, con una mezcla de cariño y pena, de que a veces las personas a las que amamos salen malparadas por nuestra culpa, y eso, aunque es bonito, también es triste.
Estaba pensando en K.y yo. La relación que nos une es de lo más estrecha, pero hay veces en las que la pobre ha tenido que aguantar mucho... Me vienen a la cabeza dos anédotas muy concretas.
La primera de ellas es una noche yendo al cine. Recuerdo que, como de costumbre, pasamos por una tienda barata de chucherias antes de la película para acumular provisiones varias. Solo K. llevaba bolso, que estaba a reventar después de que saliéramos de la susodicha tienda (el bolso era pequeño, tampoco os equivoquéis). Recuerdo que sujetaba el monedero aun en la mano (acababa de pagar) e intentaba acomodarlo todo sin conseguirlo. Entonces yo le cogí la cartera y me empeñé en llevarla en uno de los bolsillos de mi abrigo. De hecho, recuerdo que insistí.
Entramos al cine, vimos la película...y a mí me quitaron el monedero, que no era mío, sino de K. No sé cómo, porque no me di cuenta, pero el caso es que luego lo estuvimos buscando (K. se dio cuenta nada más terminar la película) y no estaba por el cine.
Os podéis imaginar el disgutso mayúsculo de K. No solo porque ahí tenía treinta euros, sino todos los documentos: carné de identidad y demás. De hecho, le dio una especie de ataque de ansiedad. Y encima yo supongo que cargué doble culpa kármica, porque el monedero no era mío pero me empeñé en guardarlo en un sitio de donde después me lo quitarían... Menuda historia.
(K. no volvió a ver jamás el monedero, pero unos días después -cuando ya había solicitado la mayoría de las copias para los carnés que había perdido- se encontró con un sobre en el buzón en el que estaba toda la documentación, DNI incluído. Yo le devolví los 30 euros y quise comprarle una cartera nueva, pero creo que para eso segundo se me adelantaron).
La segunda vez también fue con K. (que tiene el mal vicio de apreciarme y estar siempre conmigo...). Estábamos bajando unas escaleras. K. iba delante y yo detrás. Las luces estaban apagadas (definitivamente eso tuvo que ver con los acontecimientos que siguieron). Íbamos charlando pero de repente yo perdio pie... y mientras me caía, en un acto reflejo agarré a K., de manera que al final la arrastré conmigo, con tal mala fortuna me caí encima. Como os podéis imaginar, yo aterricé en mullido, pero ella no. Se dio un golpe de campeonato (tanto que se quedó un poco atontada después, y a mí me dio la angustia pensando que le había pasado algo grave). Después del susto, le salió un buen moratón en la barbilla, hinchado, que le deformaba la cara... La pobrecita se quejaba con voz lastimera de qué iba a ocurrir si su barbilla se quedaba con esa forma para siempre. Yo estaba acongojada.
(Al día de hoy la barbilla de K. es perfectamente simétrica).
Para Wendy F. (y Shibi):
viernes, 15 de marzo de 2013
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