jueves, 22 de diciembre de 2011
I don't know if i can take it
I'm not easy on my knees
Here's my heart, you can break it
I need some release, release, release...
http://www.youtube.com/watch?v=lTwRieyjcpY
domingo, 18 de diciembre de 2011
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Imaginad una clase de niños de trece años en Japón. Último día del semestre. Todos están alborotados. La profesora, menuda y de apariencia tímida, intenta hablar por encima del jaleo. Se va a marchar de esa escuela, así que quiere despedirse. Empieza a relatar sus experiencias de docente en ese centro. Posteriormente, cuenta su vida. Es madre soltera. Tiene una niña de cuatro años. Hasta aquí todo bien, aunque sorprende un poco la confianza con la que la mujer relata su propia historia. Pero de repente dice que su hija está muerta. Que se ahogó en la piscina de esa misma escuela. Silencio. Más calmada que nunca, la mujer prosigue. Aunque la policía calificó el suceso como accidente, ella sabe que fue asesinato. Y no solo eso. También sabe que los dos culpables están delante. Son miembros de esa misma clase.
Cuando una película empieza así, con semejante conflicto, no puedes sino quedarte a verla. Está narrada con un estilo muy visual, a veces casi poético, que recuerda mucho a los animes. La estructura del largometraje es en sí bastante interesante: son las confesiones de todos aquellos involucrados en el crimen central, de manera que poco a poco vamos deduciendo e interpretando los diferentes hechos hasta formar un mosaico que, contrariamente con los que suele ocurrir con historias presentadas de esta manera, no decepciona. Se plantea un conflicto que ya nos suena: ¿cómo actuará una madre, ante al asesinato de su hija, teniendo delante a los culpables? Sobre todo teniendo en cuenta de que en Japón (como ocurre en muchos países) la edad legal para hacer a un niño responsable de un crimen es de catorce años. Con lo cual estos tiernos infantes con tendencias oscuras van a irse, literalmente hablando, de rositas, con quizá un par de años en el correccional y ni eso. ¿Puede un niño de trece años ser consciente de lo que hace o debemos creer ciegamente en la inocencia de los infantes? ¿Debe tomarse, en este caso la madre, la justicia por su mano? ¿Cuales son las consecuencias de la venganza?
Conviene recordar, no obstante, que aunque nuestra concepción de la venganza suele ser "ojo por ojo diente por diente" (la ley del Talión que nos legaron los judíos) en Japón, que no ha tenido esta influencia pero sí la del budismo y el sintoísmo, es algo ligeramente diferente. La visión del film nos dará una idea más cercana a como afrontan en esta cultura el conflicto. Y el final, a mi parecer, no decepciona.
Así que si os apetece una película truculenta (porque no, no es un paseo de rosas y margaritas esta cinta) que os haga pensar y que tenga ese toque exótico (para nosotros) de los japoneses, Confessions es una buena elección. Es verdad que la trama tiene puntualmente algunos giros surrealistas, pero, insisto, está muy bien construída y en su conjunto es creíble. Además, los niños que actúan son tan adorables... (por fuera, naturalmente).
Conviene recalcar otro concepto que también se maneja en la historia, el de la audencia colectiva (la clase) pasiva ante el horror del crimen pero a la vez violenta, como una masa irracional y peligrosa.
Definitivamente, merece la pena echarle aunque sea un vistazo. La primera escena atrapa. Y los créditos finales son sencillamente hermosos. Garantizado.
martes, 13 de diciembre de 2011
-Acabamos de colocarnos con cristal -dijo el chico, que no tendría más de catorce años-. ¿Podemos usar tu desván?
Naturalmente, no me hacía maldita gracia ni la situación, ni el muchacho de cabeza rapada ni sus amigos malvestidos. Aún así, me hice a un lado. Y no fue por las estacas de madera que llevaban en las manos o por el brillo de locura en sus ojos.
Es que así es como hacemos las cosas en Toronto.
domingo, 11 de diciembre de 2011
A veces es dificil definir las palabras. Porque las palabras son como envases vacíos, cadáveres a los que nosotros mismos insuflamos vida. Pero ellas solas, ajenas a nuestras realidades, son simples cáscaras, barcos a la deriva.
Suena el teléfono. Suena, y yo me levanto para cogerlo. Los teléfonos sonando son una llamada poderosa, un grito que dificilmente puede ser ignorado. Cuando escuchamos un teléfono sonar sentimos el poderoso impulso de cogerlo. Se puede ignorar su demanda, claro. De la misma manera que uno elige si beber o no aun estando sediento...
El teléfono sonó y yo lo cogí. Y me abrazó. Una sucesión simple de eventos, que quizá poco o nada tengan que ver entre sí.
Pero es que yo, cuando cogí el teléfono, no pensaba en nada. En nada más que descolgarlo, que acercar el plástico a mi oreja. Un gesto mecánico, repetido mil veces, que ni siquiera necesita preparación. Cuando coges el teléfono no estás pensando en ser nada, no estás pensando en poner buena cara, en sonreír, en estar de esa manera u otra. Cuando haces algo tan simple te olvidas del mundo y no pretendes ni buscas nada.
Y aún así me abrazó.
Pienso que eso es valioso.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Me duele el cuello. Es un dolor punzante, justo donde empieza el hombro derecho. La clase de sensación que trae al fondo de mis ojos un color amarillo intenso, como un relámpago fugaz y desagradable.
Estoy algo cansada. El espejo me devuelve imágenes que prefiero no saludar. Seguro que es porque no llevo nada rojo. ¿O es mi rostro hinchado por el sueño?
Silencio. Me encuentri en la biblioteca. La chica del trigo rebusca palabras que yo ya sé en un diccionario. Está muy seria. Descubrir nuevos significados es como ir abriendo cerraduras, aunque creo que jamás se llega a la salida de ese interminable laberinto.
Hace calor. Parece como si las neuronas tuvieran que estar hirviendo antes de escupir algo productivo. Por ahora las mías a penas han pasado de templado, o ya habría dejado de divagar hace tiempo.
Pero yo solo quiero la frialdad de Diciembre en mis mejillas, buscar algún cobijo para mis dedos helados.
Eso es vida.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Tres gatos. Tres trenes. Tres semanas que pasarán.
En realidad, está todo conectado.
Me gusta diciembre.
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