sábado, 31 de marzo de 2012


 

You feel thin, as the lead of your life
Dress on, the feeling, correspond
With the side of the road that we're on.


Marzo se termina. ¿Ha sido un mes rápido o corto? Empezó cuando you fui a ver God is an astronaut, esa noche perdí el móvil. No suelo perder cosas, pero últimamente me ocurre más a menudo de lo que me gustaría. Y ese móvil me gustaba mucho, era un regalo, y la verdad, un cacharro bastante más evolucionado de los que me puedo permitir: pantalla táctil, teclado del tipo ordenador, cámara de fotos... etc. Pero desapareció, alguien me lo debió de quitar del bolsillo. Alguien con dedos de terciopelo, porque mis vaqueros eran estrechos y tendría que haberlo notado, pero en fin. Quien quiera que sea disfrutó cuanto pudo de mis tres euros de saldo.

Así que he vuelto a mi móvil-ladrillo. Qué le vamos a hacer, la tecnología no me tira. Con los billetes y monedas prefiero construír puentes hacia lugares lejanos...

Pero estábamos hablando de marzo. Marzo, marzo, marzo. Entonces empecé a conocer a este señor. No me caía bien al principio, un viejo, ya lo dije, en la sala de espera hay ejecutivos brillantes de trajes recién planchados y zapatos lustrosos, y todos pasan a la habitación de la chica de los tacones y la sonrisa carmín pero yo tengo al viejo, que me mira como quien ha visto ya demasiados soles.

Y sus ojos brillan cuando hablo, busca en su memoria imágenes similares, recuerdos análogos para sanarme.

Pero poco a poco me va cayendo mejor. Desde que me cogió del hombro y dijo "lo siento" sé que es tonto, pero a veces nuestro corazón no ansía otra cosa que una caricia, una palabra amable, y cuando la recibe estalla en una oleada de amor y agradeciemiento que, aunque no dure, si contrubuye a evitar el calentamiento global.


¿Y qué más? Los días tienen más horas, pero eso significa más aburrimiento. Las tardes son largas y puedo pasarlas conversando si quiero con gente que hacía años que no veía. El sexo es fugaz, últimamente, pero se agradece; si no siempre puedo rememorar su olor mientras sonrío y pienso en las calles de Barcelona, y lo mucho que deseaba que estuviese a mi lado para ver lo que yo estaba viendo, para susurrarle al oído mientras le cubro los ojos (podemos ver la Catedral otro día).

Y la libreta de preguntas está casi completa, ahora debería sentarme a escribir las respuestas pero nunca hay tiempo. Quiero decir, hay tiempo para el dolor, la tristeza y la rabia, pero sentarse a responder con el corazón en calma (desangrándose lentamente) es difícil hasta para mí. Todo el mundo dice que tengo las cosas muy claras, y es verdad que en ese sentido sé discernir el sueño de la realidad siempre en mi beneficio, pero ahora que se termina el mes solo tengo una petición que hacer a los dioses, que seguro que me esuchan, y es esta:

Dos horas en calma, fuera del tiempo y el espacio, para pensar y subir un escalón más.

Uno solo.

viernes, 30 de marzo de 2012

Hoy he visto las primeras amapolas, camino de Leganés...

Ya ha comenzado la Primavera.

miércoles, 21 de marzo de 2012




Ayer hice algo que no debía.

Mientras volvía a casa de la universidad, con unas compañeras, él también estaba. ¿Cuántas palabras hemos cruzado desde que nos conocemos? ¿Diez, doce? Se bajó en una parada. Yo lo hice en la siguiente -lo siento, chicas, es que tengo que ir a hacer unos recados, nos vemos mañana, adios- y cambié de vía para regresar a la parada en la que él se había apeado, ¿y sabéis qué? Que estaba ahí, esperándome... Le dije: me he equivocado, y él contestó ah, y yo pregunté ¿puedo acompañarte? sí, bueno, mi casa no queda lejos respondió.

¿Cuántos años tiene? Veinticuatro, no más de veinticinco, eso seguro. Pero es hermoso. Tiene un pelo fino, suave, entre rubio castaño, los ojos claros y el gesto serio. Totalmente fuera de lugar ese peinado con flequillo, esas gafas, como un niño, un estudiante. Es diferente.

Recordé que era argentino, pero no tiene acento. Le pregunté, ¿por qué no tienes acento? y él dijo que sus padres tenían acento pero que él no porque había venido a España con un año. Luego le pregunté por su apedillo alemán, y se rió, dijo que no tenía nada que ver con Alemania, que en realidad no sabía de dónde venía. Pero él si tiene cierto aire alemán, ¿sabéis? En cualquier caso se ríe mucho, y utiliza la ironía constantemente, pero evita mirarme a los ojos o alcanzar un tema de conversación que vaya más allá de lo trivial. Cuando era pequeño tartamudeaba, me confesó, sin vernir a cuento, mi corazón dio un vuelco, vaya, por fin algo más interesante, yo también tartamudeo, le dije, a veces, cuando hablo, lo hago sin querer y me da vergüenza... es porque pienso mucho y mis labios no pueden seguirle el ritmo a mis ideas.

Caminamos a través de los jardines artificiales de las diferentes urbaninaciones. Hablamos de cualquier cosa pero yo solo pensaba en lo mucho que me gustaría que él me follara. Estaba acariciando la idea de pedírselo directamente, porque caray, en estos casos, ¿para qué andar dando rodeos? Probablemente yo no le interese verdaderamente, pero, ¿quién puede decir que no a una oferta tan sincera?

Y así, al día siguiente, me acercaría a hablar con P. para contárselo, y él frunciría el ceño y me diría, ¿pero no es gay? con cierta tristeza, porque a él le gusta mucho T., lo sé, y yo sonreiría misteriosamente y le dejaría estar.

martes, 20 de marzo de 2012





-Yo tengo aquí al lado un club del alterne, y he pensado que voy a hablar con tu padre y te voy a comprar por 600€, ¿qué te parece?

-Mal.

-¿Por qué?







Porque los seres humanos, queridas, queridos, no se compran ni se venden.




O, dicho de otra manera, nuestro valor es incalculable.


Al menos, eso he sacado en claro (además de confirmar mi sospecha de que ese señor, sea catedrático y mil cosas más, es un mafioso de mucho cuidado... je, je, je).

sábado, 17 de marzo de 2012



En la tele dan una película americana. A penas he pasado unos segundos por delante de la pantalla, los justos para ver la escena del chico con la chica, cogidos de la mano, viendo un partido de béisbol. Alegría. Los dos son guapos, jóvenes y sanos. Él es alto, moreno, afeitado, y lleva ropa deportiva, pero da igual, porque los chicos no necesitan mucho para estar bien. Ella es rubia, camiseta ajustada, pero no demasiado. Lo mira como si él fuera genial, aunque salta a la vista que es bastante tonto. Pero se supone que a ella le provoca ternura. Se supone, también,  que todo es bonito y romántico. El final del cuento.

En la tele dan una película americana. No están mal, las películas americanas. Personalmente me aburren un poco, porque ya conozco todos sus argumentos, pero puedo entender que a la gente le gusten. Sin embargo, en esas películas, en cada uno de sus fotogramas, es imposible ver mi vida, ni siquiera un retazo de ella, reflejada. Venimos de mundos distintos, ellos y yo, y no tenemos nada que ver.

De todas maneras, siempre lo supe. Rome y Julieta, todas esas cosas, ¿sabéis? Ni de niña, cuando se supone que te crees hasta que el Ratoncito Pérez viene a ponerte cosas debajo de la cama, pude entenderlas.

jueves, 15 de marzo de 2012



A veces es mejor no tener corazón. Entonces no puedes sufrir. Ahora me gustaría que me lo arrancaran. Porque ni todas las palabras del mundo pueden resumir este latido, que derrumba y construye. Todo a un tiempo.

¿Dónde está el norte?

Si al menos supiera lo que es una brújula...

miércoles, 14 de marzo de 2012





La vida siempre te sorprende. ¿Véis? Es lo que me gusta ella. No importa la de formas que imagines para un acontecimiento futuro (y creedme que puedo elucubrar miles y miles de posibilidades, para algo soy escritora) los detalles, el mosaico de colores, siempre es diferente. Siempre.

El año pasado, si me hubieran dado la oportunidad de irme al rincón más alejado del planeta, esa pequeña isla desconocida que ni siquiera aparece en los mapas, habría aceptado sin dudarlo. Pese a todos los miedos que puedo llegar a tener, el deseo de viajar siempre es innato, como una llamada secreta e inconfundible que es imposible ignorar. Y sin embargo, ahora que tengo la oportunidad de marchar, es cuando pienso que quizá...

El asunto que me preocupa es el siguiente: ¿dónde terminamos nosotros y empiezan los otros? Hablando de islas, ¿somos realmente una isla? Soy de las que creen que todo se puede encontrar en nuestro interior, el universo entero si es necesario. Pero entonces, ¿por qué tengo que vivir rodeada de seres constantemente, y verme en la obligación de interactuar con ellos? ¿Por qué sus existencias consiguen arrancarme una sonrisa, lágrimas, repugnancia, admiración, deseo o el más absoluto rechazo?

Llegados a este punto me he dado cuenta de que mi misantropía no es tal, sino una capacidad bastante deficiente a la hora de relacionarme. Quizá porque, a lo largo de estos años, he aprendido muchas cosas pero olvidado esta, la de saber donde termino yo y empiezan ellos, si es que existe tal barrera. Porque para ser una isla, en el sentido pleno y satisfactorio de la palabra, hay que amarse a uno mismo o, al menos, querer viajar por los paisajes de nuestra existencia.

Y ahora que lo pienso, ese destino jamás lo he incluído en mis viajes...

lunes, 12 de marzo de 2012



Un día, no excesivamente lejano en el calendario, se dio cuenta de que no sabía quién era ella. Bueno, es necesario matizar esta última frase: no solo desconocía esa información, sino que no albergaba deseo alguno de saberla. Como un terrible secreto de familia que solo desea ser olvidado, en tal concepto se tenía.

¿Cuándo había comenzado todo aquello? Conocerse a uno mismo, esa pregunta, se remonta a milenios, filósofos mediterráneos elucubrando, monjes de las altas cumbres afirmando que la ausencia del yo trae la verdadera existencia. Porque cuando un niño nace, es el mundo entero. Ella lo recordaba al menos así: colores, voces, sonidos, todo representaba una extensión de lo que se pensaba en sí misma, porque giraba a su alrededor, como los planetas en torno a una estrella. Y tal pensamiento no era para nada absurdo, porque, ¿a caso no desaparecía el universo entero cuando ella, y solo ella, cerraba los ojos para irse a dormir?

Pero el crecimiento trae conocimiento, y este la primera herida, la primera escisión. Hay otros (siempre los hubo) que se encargan de arrebatar o entregar según les convenga. Por otro lado, los padres, ofrecen siempre una imagen, un prototipo, tan intimamente deseado por el niño como inalcazable. Tantos consejos, normas y exigencias le abrumaban, y cuando intentaba perderse por otros mundos (aquellos en los que tuvo que recluirse  cuando comprendió que la realidad diurna era muchas veces incómoda y limitida) se le castigaba duramente.

La adolescencia es la explosión final. Ella comprendió, como millones de púberes, que el modelo trazado por los progenitores no existe, porque la vida no es justa y perfecta, la vida no es un agradable banda sonora que va cambiando para adecuarse al momento; es una explosión, un mordisco, un estruendo incontrolado. Semejante trauma trajo el deseo final de evasión: la tortura del cuerpo con el fin de huir en espíritu de esa verdad revelada.

Hasta que llegó a un punto muerto, una tregua. Quería vivir, porque siempre amó la vida, incluso aunque significara sangrar. Pero, por otro lado, no soportaba mirarse en los espejos, ni pensar en sí misma, si no era para castigarse o recriminarse las mil y una carencias que se encontraba, como antaño habían hecho sus seres queridos en el -no lo olvidemos- amable intento de evitarle dolores de los que realmente no debían privarla.

Sin embargo, no todo eran recriminaciones o desvíos en la mirada. A veces veía reflejado en otros seres semejantes chispazos de luz, colores desconocidos. Entonces, como una polilla, danzaba al rededor de esa nueva luz, intentando absorver toda la información posible, todos los detalles. ¿He mencionado antes que ella era actriz? De las mejores. Su piel, camaleónica, podía imitar un amplio registro de personalidades sin barreras de sexo o edad. Quizá pudiera parecer que era despistada, siempre embebida en fantasías, pero lo cierto es que era una observadora nata a la que ningún detalla pasaba desapercibido: los guardaba como teselas con las que después confeccionaría elaborados mosaicos que contaban historias.

A veces, mientras embebida, contemplaba a otros seres (el objeto de su atención variaba según la temporada) asumiendo todas sus pequeñas características, desde la superficie hacia la profundidad, una vocecilla en su interior la avisaba del peligro de olvidarse de sí misma. "La función no dura siempre, y si cuando acabe has olvidado tu nombre, no podrás regresar a casa". Sí, bueno, se decía ella, ignorándola, contemplando a los otros como obras de arte y teniéndose a sí misma por un simple y triste bosquejo que solo una mano dura (su voluntad de hierro) podría arreglar, extrayendo detalles de los otros.

No obstante, este procedimiento traía dolor. Porque por más que lo intentaba, la mutación en otro ser supone envenenarse, porque lo que para unos es blanco, para otros negro, y lo que a unos mata a otros sana, y para lograr dos seres al mismo patrón habría que hacerlo con unas enormes tijeras, amputando miembros, quebrando huesos y reventando vasos sanguíneos para así conseguir un parecido uniforme. O la muerte.

Entonces se sentía desesperada, al ver su empresa su frustrada. Y, más que nunca, se detestaba a sí misma. ¿Por qué yo?, se decía.












¿Y por qué no?

jueves, 8 de marzo de 2012




Hoy es un buen día para escribir una entrada como esta.

Hoy es un buen día para recordar que, tras las pesadas cortinas de color crema con bordados de flores exóticas, el sol brilla. Que la Primavera está a la vuelta de la esquina, con toda su rabia y su poder de reproducción, esperando ansiosa poder concebir en el espíritu del artista nuevas ideas, para que él las alumbre al mundo entre sangre, espasmos e imaginación...

Hoy es un buen día para creer que el sol brilla, sí, y que existe todo un mundo detrás de esas cortinas, que se abre y repliega en una constante de cambio inevitable, como una alucinación o un hechizo: nada vuelve a ser igual; los caminos, aunque parezcan idénticos, siempre son diferentes. Y eso es lo interesante, porque siempre logran sorprenderte.

Hoy es un buen día para darte cuenta de que realmente no es el mundo, si no tú misma. Que estás, no diré enferma, pero de alguna manera eres incapaz de sintonizar realmente con lo que te rodea. Decodificas mensajes de forma errónea por un fallo interno, y esos nuevos significados te revuelven y te dejan confusa, incrédula, angustiada. Pero nunca es tarde (y menos en primavera). Una vez que la herida se ha localizado, o la excepción en el programa, simplemente se puede reescribir el código con paciencia y calma, o usar hilo y aguja para coser ese agujero antes de que se haga demasiado grande.

Hoy es un buen día para comprender que los que lloran están solos, como siempre digo, pero el que ríe, siente como toda la existencia celebra y se alegra con él.

Así que, por una vez en mi vida, voy a ser optimista.

Hoy es el día.

miércoles, 7 de marzo de 2012




Hoy he terminado otra novela.

Llevaba escribiendo sobre ella desde noviembre o así, y hoy, al fin, para bien o para mal, he colocado el último punto. Ahora solo queda pulirla... Pero ya está terminada.

No recuerdo por qué la comencé, ni de dónde surgió la idea. Solo sé que el primer capítulo me costó mucho, pero en el segundo, cuando de verdad el personaje empezó a hablarme, yo sentí que un mundo entero se me abría... plagado de sombras y situaciones sorprendentes que solo tenian un punto en común: la sordidez.

Porque esta historia, al contrario que Coriander, que es su hermana, no tiene el sugerente aire de decadencia de la alta clase londinense, sino que ha sido un viaje a través de las cloacas, el suburbano y los agujeros más sucios de la capital del Imperio.

Sinéad, la protagonista de esta historia, es difícil de describir. Considero que los personajes femeninos son especialmente complicados de dibujar y tratar, al menos para mí. Las mujeres son todo un misterio, he de confesaros, queridos lectores y lectoras, even for me, one of them. Sin embargo, estoy contenta con el resultado. Porque este personaje ha sido especial, diferente, tan duro de crear como masticar un cubito de hielo, pero a la vez, siento que la quiero, que en parte soy ella, y que... que la voy echar de menos, aunque sea tan desagradable a veces, tan vulnerable; aunque su historia comience donde debiera haber terminado y aunque esté, de alguna manera, maldita por ello.

Y si fuera una canción, por cierto, Sinéad sería sin duda esta.

Como no sé explicarme más, dejo un estracto de la historia, que pertenece al segundo capítulo:

"Cuando Madame Redbutterfly hubo hecho de mí un ser humano de nuevo, capaz de comprender y expresarse, se dispuso a darme algo de identidad también.    
    -¿Cuál es tu nombre, querida? –me preguntó, con su voz grave y melódica, como las dos últimas cuerdas de la guitarra.
    Pero yo no supe responder, pues hacía tiempo que lo había olvidado, ya que nadie había vuelto a utilizarlo en más años de los que podía recordar.
    -No lo sé –contesté, vacilante, simplemente para demostrarle que la había entendido.
    Ella frunció el ceño. Un nombre era necesario. Todo, hasta las piedras, debía tener al menos uno. Estuvo pensando por unos breves momentos, hasta que finalmente sus ojos brillaron y su mano se posó suavemente en mi cabeza, casi como si me estuviera bautizando.
    -Sinéad –dijo, de manera que las sílabas se deslizaron desde sus carnosos labios hasta su lengua, y flotaron en ella como el caramelo que se disuelve poco a poco dejando tras de sí una perenne dulzura.
    No era casualidad. Era el único nombre irlandés que conocía y su manera de marcarme como tal. Puede que yo hubiera olvidado mis raíces, pero para el resto del mundo yo era irlandesa y ella inglesa;  este hecho marcaba una crucial diferencia, no importaba que mi familia hubiera podido ser de la misma élite del país y que la suya la hubiera arrojado a un pozo de miseria y basura nada más nacer. Yo siempre estaría por debajo, y ya que no hay nada en la piel o los ojos que pueda hacer diferenciar a los distintos habitantes de las islas, el nombre dado debía hacer, de ahora en adelante, esa función."



domingo, 4 de marzo de 2012



Primera entrada de marzo. Las cosas parecen estabilizarse. Todo el caos que empezó a gestarse en enero y explotó en febrero, cobra algún sentido, colores mezclados por ahí, churretones de pintura manchándolo todo.
De aquí a un año miraré hacia atrás y sabré si estoy o no en la dirección correcta.

Hoy también empiezo con un paso más en esta una gesta que me he dispuesto a librar hará unas pocas semanas, para tratar de superar algo que ya viene de años. Pero no más, 2012 será el año del fin de muchas cosas, ¿no? Pues también de esto.

Mañana veremos de qué humor me acuesto... hoy simplemente es una mezcla de nerviosismo y cansancio.