miércoles, 12 de enero de 2011





Ya sé que todos somos muy lógicos, muy listos e inteligentes. Que nada en el mundo se escapa a este conocimiento epistemológico , que ya no hay secretos. El corazón no es ya más un cofre aromático que esconde nuestros sentimientos más profundos; ahora es una bola de músculo ensangrentada. Y el alma no existe definitivamente, ya que, como los dioses, no puede ser probada dicha existencia por criterios puramente lógicos.

Pero dejad todo eso de lado. E imaginad.

Imaginad a un grupo de hombres, hombres inteligentes, hombres poderosos. De esos que diseñan nuestras guerras, hacen nuestros anuncios, crean nuestros gustos y nuestras necesidades. Sí, de esos que, incluso antes de que nazcamos, están predestinando nuestra vida. Y eso que nunca les veremos el rostro.

Estos hombres saben que hay cosas más allá de todo eso. Saben de cosas que nosotros, sencillamente, en la situación en la que estamos, no podríamos creer. Quizá sea que existen infinitos mundos separados por planos del grosor de las hojas de un libro. Quizá que todos tenemos dobles, doppelgangers perdidos que interfieren en nuestra vida sin que lo sepamos. Quizá la línea que separe los vivos de los muertos no sea tan delgada. Quizá...

Pero claro, a ellos no les interesa que sepamos esas cosas. ¿Por qué? Pues porque una persona que no cree en nada es una persona aburrida. Y una persona aburrida es una persona que no se mueve, que no innova, que no busca. Y una persona que no se mueve, que no innova y que no busca es una persona predecible. Y una persona predecible es, sin duda, bastante fácil de manejar.

Todo forma parte de un cuidadoso programa.

Primero, de niños, nos dejan creer en dragones, en realidades fantásticas, en cosas que jamás han sido imaginadas... para luego ir destrozando esas creencias una a una. Como la tormenta implacable que derriba uno los mástiles de un barco, ellos no se detienen. Y nosotros, antes de que queramos darnos cuenta, no somos más que navíos desgarrados a la deriva. En un mar infinito.

Hemos aprendido a no creer. Vivimos en una época de constante nihilismo. Como los supervivientes de un bombardeo, caminamos silenciosos entre los edificios quebrados y vacíos, las polvorientas y destrozadas calles de nuestros ideales perdidos.

Pero, por supuesto, todo esto no son más que locuras. Locuras de una pobre estudiante de letras, que poco sabe del mundo real. Ese mundo que puede dividirse en átomos, ese mundo que no son más que un conjunto de variables combinadas que lo hacen eterno. Un mundo medible, manejable, predecible.

Todo tiene una verdad inmanente en sí mismo.












(¿O eso es lo que se supone que debemos pensar...?)

4 comentarios:

Mew dijo...

El mundo es medible, manejable y predecible si y sólo si tomamos como referencia una serie de conceptos, fórmulas y métodos creados artificialmente. Sin, por ejemplo, el sistema artificial matemáticas el mundo deja de ser medible, manejable o predecible. Es una invención humana. Ese mundo se viene abajo con tan sólo una palabra: artificial. Sencillo, ¿no crees?

Los hombres que describes no existen, porque, como bien dices, no existen los dioses y la idea que planteas es de alguna forma precisamente esa: que son "dioses". Todo lo controlan, todo lo saben, todo lo ven, todo lo deciden, todo lo crean. Mentira. Si hablas, habla en nombre de los débiles de "eso". "Eso", porque no existe una palabra en el diccionario para denominar a lo que me refiero.

Tocas todas las facetas y planos de la vida humana, desde la niñez hasta esa "madurez nihilista"... todas menos una. Ahí donde tú comenzaste a destruir los dragones y los cuentos, donde empezaste a "abrir" los ojos al mundo real, donde dejaste la inocencia de la infancia... ahí ocurre algo más, pero no todos saben verlo. Cuando una persona llega a una determinada edad con esas creencias intactas se da cuenta de que se salvaron de la destrucción porque en su momento se supo entender su existencia. ¿Mundo real, dices? ¿Qué es eso? ¿Te refieres a tu mundo real o a mi mundo real? ¿A qué realidad te refieres? Tú decides qué realidad vives, y dentro de esa realidad en qué planos se encuentra cada cosa. Puede que no pueda ver, tocar, oler u oír con mi envoltura física determinados conceptos, pero te aseguro que esa carencia se puede suplir sin llegar necesariamente a destruir nada. Se puede hacer con el alma, con la mente, con lo que quiera que sea que llevas ahí y que es "tú".

Quienquiera que sea el que haya aprendido a "no creer" y a ser alimentado por las bolitas mágicas "controla-todo" de esos hombres, te aseguro que aquí en mi comentario, desde luego, no se encuentra.

Annell dijo...

Yo también soy predecible.

Primero, nunca creí en los Reyes Magos, ni en Papá Noel, ni en el Ratoncito Pérez, sencillamente porque mi madre hacía todo eso conmigo, como un juego, desde comprar los regalos hasta poner el diente en una esquina. Luego dejé de creer en las hadas porque nunca veía ninguna, porque decían que eran "seres mitológicos", igual que los demonios, los ángeles y lo que fuera.

Pero nunca dejé de imaginar.

Todas las mañanas en el bus al colegio, o cuando voy a cualquier sitio con mi iPod, pongo mi música motivante y me pongo a imaginar. Hay dragones, fantasmas, hadas, demonios, qué cojones, pero si hay hasta Brad Pitts desnudos bailando a mi alrededor cuando pongo "Danger! High Voltage". Convivo con ellos en mi cabecita demente.

No te puedo hablar del alma, no te puedo hablar de mundo real ni mundo imaginario. Sólo te puedo decir que, aunque soy predecible, de esas personitas del montón sin nada especial, no he dejado de creer. Al fin y al cabo, monto en dragón todas las semanas -w-

Niwa dijo...

El mundo no es manejable ni predecible, para nada. Son medibles los pequeños fragmentos que conocemos, y solo es así porque hemos creado las estructuras para poder hacerlo.
Sin embargo, no por ello el mundo deja de ser materia y nosotros un montón de reacciones químicas. El corazón es un músculo fascinante y sanguinolento, te lo dice alguien que lo ha diseccionado; ahí dentro no hay polvos mágicos, tan solo células.

Y a pesar de todo, podemos ir un paso más allá de la química y crear un maravilloso mundo inmaterial donde el corazón es el cofre del tesoro, custodiado por hadas y dragones. E incluso, podemos tener ambos mundos a la vez, sin necesidad de renunciar a uno por el otro. Al fin y al cabo, el primer paso para descubrir o inventar, no es otro que soñar e imaginar.

Adsi dijo...

Estoy de acuerdo contigo Shikaru, el mundo y los que lo poblamos somos predecibles y manejables.

Se que la realidad es algo importante que no debemos perder de vista, pero seamos sinceros, la REALIDAD del mundo en que vivimos da asco. Ahí arriba hay personas con mucho poder, arrogancia y crueldad que estan jodiendo el planeta. Que nos están puteando a tod@s.

Es por esto que creo que la imaginación es un tesoro valioso, un bien muy preciado que tenemos que conservar. La imaginación es algo que nos llena por dentro, que nos crea, que nos hace ser como somos. Cada vez somos menos los que vivimos con ella, somos pocos los que vivimos con sirenas en los platos de sopa, con hadas escondidas en los estuches, con elfos que nos protegen por las noches, incluso con un Brad Pitt masageándonos la espalda ;)

Y aunque el peso de la realidad del mundo quiera aplastarnos, siempre tendremos unos pilares luminosos que sostendrán ese peso, que protegerán nuestras mentes soñadoras. Deseo de corazón que tus pilares sigán fuertes para siempre.

Adsito Demelki te manda un beso de parte de su dragón, que se ha emocionado con tu escrito.

Kisssssssus