domingo, 3 de abril de 2011



Escribo esta entrada desde el dolor. He bebido más de la cuenta, todo es difuso, pero no tanto como para no alcanzar las letras; ellas solas se forman en mi cabeza y mis dedos buscan teclas a una velocidad que desafía mi nivel de alcohol en sangre...

Vivíamos en los suburbios, ¿recuerdas? Y para llegar a un lugar iluminado teníamos que pasar muchas estaciones, páramos vacíos y desolados, urbanizaciones a medio construir, letreros de autopistas hacia regiones lejanas...

Yo me miro en el espejo y tengo esa cara infantil que no cambió cuando me vino la pubertad. Cara bondadosa, dulce, que promete muchas cosas. Inocencia y candor. Sólo que detrás de todo eso está la desolación que sólo tú conocías, la de ser nadie y corriendo huir ante las burlas, recreos en soledad, golpes, miedo e ignorancia. La de la crueldad buscada. La del miedo.

Me gusta revolcarme en las duchas públicas, el suelo está pegajoso y huele moho, cuando lo toco con la yema de mi dedo raspa, porque se traga el agua, toda el agua...

En esas duchas, yo mi cara infantil, mis vaqueros y la camiseta blanca, ¿quieres un poco? No quieres respirar la locura, ¿por qué no? Me encanta, es genial, porque así no veo los azulejos rotos, y las luces de arriba danzan en una espiral que recuerda a una galaxia... ¡mira el techo, se abre, y muestra el mundo fuera, un aire que revive! Una aspiración y puedo con todo, joder, saldré de todo esto y mañana mismo me iré, a tomar por culo, sin nada, sin objetos inútiles, ¿para qué quiero, ropa, accesorios, libros, libros y libros... libretas llenas de garabatos? Sólo yo y mi corazón, y una historia en mi cabeza cada noche. Andaré por las calles sombrías, no tendré miedo... aceptaré a mis compañeros de tinieblas, me fundiré en la noche, y de mi no quedarán sino unas palabras susurradas con reverencia en el amanecer, cuyos ecos serán eternos...

La camiseta se me adhiere a la piel pegajosa, sudor y agua sucia, ¡voy a ser libre! Manos que me agarran por todas partes, tres hombres me rodean, les gusta mi cara, mis ojitos tiernos, mis labios caprichosos... manos me agarran y me atrae, sé lo que quieren, ¡no debería dárselo! pero lo deseo... las luces moribundas son estrellas, la ducha pública es el fondo de un pantano en el que me encanta perderme... un lodazal de azulejos, de suelos absorbentes... venid... necesito nuevas experiencias si quiero escribir, necesito probarlo todo, todo, que me devoren tres depredadores, que me arranquen la piel y las entrañas si quieren, que me partan en dos, que entren en mí que no dejen más que despojos... con el último aliento contaré esa historia...

Pero tengo miedo, porque son tres, porque me aplastan, porque quieren hacerme daño, porque lo desean y yo... yo... Tú estabas allí y me salvaste, tú me arrancaste de sus manos y trajiste el aire fresco y liberador de la calle. Risas y corremos mientras nos alejamos, nunca volverán a pillarnos.

Íbamos a un colegio religioso en metro, nuestras madres se trabajaban por la noche hasta la extenuación mortal para pagarnos la salvación de nuestras almas inocentes.
El vestíbulo era amplio y silencioso, era obvio que no encajábamos allí. Tú llevabas el uniforme recién planchado pero tenías la piel sucia y yo, aunque de manos limpias para ellos, llevaba la camisa por fuera y la corbata mal anudada, cantando por el pasillo...  Me río del profesor, sufro los castigos, golpeo y me golpean, y yo golpeo más hasta que caigo al suelo con el sabor de la sangre en la boca.

Hasta que tú, serenamente, me sacas, siempre me sacas de todos sitios, de allí, de allá, de mí. Y me preguntas por qué. Y yo te digo que lo necesito, que si no no siento la vida, que necesito experiencias, necesito experiencias...

Pero primero serás tú. Quiero que seas tú para no tener miedo después, para no arrepentirme. Para decir, ¡miradme, soy un objeto usado! Destrozadme si queréis, porque la perfección es ya imposible.

Y si no es perfecto no vale nada. ¡Nada! Soy un cable que conecta dos transmisores, soy el puente que une dos continentes, no tengo finalidad más que en lo transitorio. Soy cambio y nada quedará de mi cuando me vaya.

Te fuiste.

Crecimos.

Pero cuando escribo esto, recuerdo que realmente yo sentía esa urgencia, y que el mundo giraba muy rápido. Recuerdo que por muchos horarios que siga, por muchas cosas responsables que haga, lavarme los dientes antes de dormir y vestir recatadamente, no beber ni fumar, sigo siendo la misma criatura incontrolable de siempre. Salvaje. Que no es ajena al dolor y la crueldad. Que se devora a sí misma en un rincón oscuro y desangelado, que chorrea sangre propia entre los dientes y se ríe del resto que no pueden comprender la necesidad de alimentarse de uno mismo, de hacer que la pureza sea digerida antes de que se pudra irremediablemente al aire de otros...

Que apura el trago sin respirar.





Un trago por ti hoy.


http://www.youtube.com/watch?v=EJBsYcSFFB4

2 comentarios:

Mew dijo...

He estado pensando y pensando y pensando... hasta ahora. Pero sigo igual que la primera vez que lo leí: agitándome por dentro, removiéndome, buscando algo que decir... y no lo encuentro.

Y créeme que lo lamento. Lamento mucho recibir sin dar.

Charlie D. dijo...

No te preocupes. Cuando sentimos que algo muere, es mejor desaparecer en un educado silencio.

O en su defecto dejar palabras vacías como cadáveres.