viernes, 31 de agosto de 2012




Empecemos a hablar claro hoy. Sí, ¿por qué no?

Llevo desde enero en tratamiento psicológico por fobia específica, fobia social, transtorno de ansiedad generalizado, ataques de pánico y depresión. Entré en una consulta donde el tiempo, que transcurría de una manera perfectamente calculada, era oro (literalmente) y un señor muy, muy serio empezaba por preguntarme si tenía orgasmos al follar. Así, sin más.

¿Quién lo diría? Desde que era un infante siempre he sido la alegría de la huerta. Cuando veía un grupo de niños, me acercaba a ellos ("¿Queréis jugar?") y les dejaba sin reparos todos mis muñecos. Me encantaba hablar con desconocidos, de hecho, para preocupación de mis progenitores. Os estoy hablando de una edad muy temprana, naturalmente.


Luego crecí. La adolescencia fue difícil, sí, y no volvería a ella por nada del mundo. Pero no creo que esté bien avergonzarme de quién fui en esos momentos, de la ligera bulimia que padecí, por ejemplo, por creer que si al menos lograba controlar mi cuerpo eso haría que empezara a manejar de alguna manera mi vida. Qué ilusa. Solo logré dañar mi cuerpo.


Y de repente, llega enero del dos mil doce, son las vacaciones, quiero pasarlo bien después de los exámenes de la universidad. Tengo que subirme a un tren que va a llevarme a un destino que deseo con una persona a la que aprecio.

Y no puedo. No sé por qué, pero mi cuerpo, mi mente, todo se vuelve contra mí, y entonces solo escucho la voz monótona de los anuncios de RENFE mientras me estremezco y tiemblo presa de un pánico inexplicable. Una enfermedad fantasma.

Tras eso, el psicólogo, y los nombres de las cinco patologías, muchas de las cuales yo no sabía ni que existían.

¿Fobia social? Por favor. Adoro estar con la gente. Soy una persona extrovertida, doctor, se lo prometo.

Pero de repente empiezo a darme cuenta de que estoy hipersensible a todo lo que me rodea. De que cualquier muestra de agresividad me desiquilibra, el menor síntoma de estrés me deja fuera de combate presa de unos mareos tan repentinos como desagradables. Se me quitan las ganas de comer, de tener sexo, a veces hasta de vivir. La ansiedad y sus mil caras se ha convertido en el centro de mi vida antes de que pueda darme cuenta, y todo gira en torno a una realidad distorsionada y a un conjunto de reglas absurdas que yo misma me creo para intentar sobrevivir.

No sé si puedo explicároslo, porque es difícil de entender si no lo has pasado. Como el enamoramiento o el orgasmo, si lo tienes lo sabes. Así de simple.

Y así llevo buena parte del año, sumida en una confusión de la que es reflejo, más que nunca, mis entradas crípticas en blogger. Por que sí, hasta yo misma me encuentro desconectada de mis deseos y pensamientos, muchas veces.

Sin embargo, resulta que tuve una revelación. Oh, dioses, sí. Hace tres noches, cuando el miedo intenso que precede a los ataques de pánico estaba a punto de invadirme otra vez, lo supe. Todo esto, el dolor, el sufrimiento, el sentimiento de descontrol, responde a algo mucho mayor que los transtornos que se empeñan en diagnosticarme.

Estoy cambiando. Estoy dejando de ser una niña para ser una mujer. Por primera vez, me doy cuenta de que ya no necesito realmente que me cuiden o me protejan. No. Yo misma soy capaz de hacerlo perfectamente. De hecho, ya estoy preparada para cuidar a otros, para ser fuerte y luchar, siendo yo única responsable de mis acciones. Estoy lista para jugar con el trapecio, para ser funambulista. Sin redes. Sin trucos. Solo la verdad, como un rayo de luz: a veces dolorosa, a veces sanadora.

La vida no es un camino de rosas, y los golpes duelen. Como tanto me gusta decir, cuando te disparan, sangras. Pero cada nueva cicatriz es también un trofeo, y qué demonios, hay tanta belleza ahí fuera... La niña que yo era tenía miedo de que la diferencia le provocara el rechazo. Tenía miedo de decir que le gustaban unas cosas y no otras. Pensaba que "amar" era no decir "NO" jamás. La niña que yo era, la que llora y patalea cuando le pido que se marche, piensa que tiene que vivir para los demás o si no estos la dejarán sola, abandonada en una clase vacía mientras los otros juegan y ríen en el recreo.

Pero eso se acabó. Soy como soy: alegre, independiente, extraña, sensible, con sexualidad indefinida, escritora, indecisa, creativa e inteligente. Creo en las cosas que pueden sentirse pero no verse. Cuando amo, lo hago con toda el alma, y cuando soy amable, lo soy de corazón. No veo en ello un símbolo de debilidad, ni pienso que esté desperciando nada. Puede que muchos no me den ni las gracias y que eso duela a veces, pero dejad que os cuente un secreto: en realidad, me siento agradecida con la humanidad en general, con todas las personas que se han cruzado en mi vida. Buenas o malas, todas me enseñaron algo, y esto no es una cursilada, es algo que realmente pienso. Se pueden contar con los dedos de la mano las personas que realmente me han inspirado aburrimiento o indiferencia sin más.

Por lo demás, soy como todos los seres humanos, y, humildemente, no me creo ni más ni menos que otros. Eso sí, aunque la niña se queje, la mujer que soy, en la que me estoy convirtiendo, tiene ganas de gritar muchas cosas, de poner límites, de decir "NO" todas las veces que sea necesario. Porque la niña, pequeña ella e indefensa, utilizó la ansiedad todo este tiempo para sentirse protegida, en un intento vano por regresar a la calidez del seno materno, a esa oscuridad tranquilizadora de la que la sacaron sin que tuviera tiempo ni de luchar (o al menos aprender a hacelo) para salir de ella.

La niña que yo fui vivió una infancia tan feliz que pensó que el mundo era perfecto. Y cuando creció, esa perfección imaginada se convirtió en una soga que estuvo a punto de ahogarla.

Pero ahora estoy aquí, respiro, y puedo gritar que la perfección no existe, que amo y me siento amada y que no tengo miedo.



 http://www.youtube.com/watch?v=BXSuAN3BSYA








Acepto el cambio.

1 comentario:

farala dijo...

madre mía qué horror de fobia... pero se te lee curiosa y positiva, seguro que sales (y qué buen recurso, los blogs ¿no?)